Plic Plic, decía la lluvia al caracol entre la hierba. Plic Plic Plic Y el caracol sacaba los cuernos, así podía escuchar mejor la voz de la lluvia. Además refrescaba su piel grisácea y aprendía lenguas nuevas para poder viajar por todas partes del mundo con su concha.
Se acercó a sus oídos el gorjeo de un pájaro: pío, pío, lentamente caracol se encogió, se hizo más pequeño, casi asustado. La lluvia seguía diciendo: Plic Plic Plic
El pajarillo no cesaba en su Pío Pío Pío.
Y Caracol encogido repetía lo mismo pero sin hacer sonidos.
La lluvia repicaba sobre su concha y así se le caía la baba repitiendo la música de sus amigos. Plic Plic Plic Pío Pío Pío… Cerró la puerta de su casa con una cáscara de babosa y así se quedó dormido aprendiendo lenguas.

 ©Julie Sopetrán