La noche nos marcó el camino

luna

Ese día acabé cansada y con un final agridulce, todos mis pensamientos se dirigían a ti y se perdían en la noche…

Si intento dormir, cada pensamiento se queda a medias en mi cabeza y por más que intento hilar mis propias historias, se pierden sin remisión. Me gustaría por un instante saber dónde estoy, si cobijada en tus brazos o tal vez perdida en medio del campo, mientras corro sin destino sobre mi bicicleta, o quizás tras mi unicornio alado, o tal vez en mis sueños incongruentes.

¿Dormía? O tan solo transitaba entre esa línea abstracta de la realidad y los sueños; sentía cómo el viento dejaba tus besos en mi mejilla. Y, como por un instante perdí el control de la bicicleta, huía, huía sin parar…

Siempre huyo de todo lo que no seas tú, tus recuerdos… Nuestra historia de amor- odio compartida… Van tan unidos los sentimientos, que cuesta diferenciarlos, aunque si te odio es que te amo mucho más de lo que permiten las leyes del amor; y si te odio, te recuerdo dulce cual caramelo interminable de pasión, ternura…

La noche, nuestra noche, a veces pienso que solo es mía, que el cielo es un libro de hojas celestes donde escribir un amor que nunca sabré si fue nuestro. Pero la noche, la luna y tu rostro enamorado me pertenecen, ahí viven mis sueños, la dulzura de saborear tus labios como si fuera un caramelo de fresa, a veces agrio como el zumo de un limón, a veces solo tú, y a veces noto que yo también existo en algún lugar.

Estoy eufórica y tanto soñar o vivir despierta, ha agotado mi noche y he despertado recostada en tu árbol. La bocina de un camión hizo que se sobresaltase mi corazón, que mi unicornio alado huyera, pero no irá lejos. Nos quedan muchas noches que dibujar en el cielo…

La luz del día se va filtrando por mis ojos mientras me los restriego con desgana; y una atrevida mariposa azul se ha posado en mi nariz produciéndome un pequeño cosquilleo. Ya sé que debo volver a casa en mi bicicleta, asearme, vestirme y empezar otro día; aunque tan solo desee la noche con su manto mágico.

No sé si es amor o desamor, no sé si soñar me acerca a ti mientras me susurras varios te quiero; tan solo sé que vivo encerrada en esta habitación blanca, sin puertas ni ventanas…

Aunque sé que existes y que mi única locura fue y es amarte…

No te preocupes, amor, que yo también te soñé esta noche, y esa bicicleta de tu sueño era compartida por los dos durante la noche; en un viaje infinito que nos conducía paso a paso hacia un destino no definido, pero que lo veía grato para los dos.

Mas, la luz del día rompió de pronto el sueño y hube de deshacerme de todo y regresar a la realidad. Tú desapareciste de mi lado, la bicicleta sobre la que avanzábamos por la campiña se esfumó, y me quedó el recuerdo de un viaje veloz a través del tiempo.

Pero lo que me desconcertó por completo, fue que al salir a la calle para comenzar mi jornada laboral, allí estabas tú subida en tu bicicleta, esperando nuestro encuentro para emprender un imprevisto viaje allende aquel infinito destino que la noche nos había marcado y que ahora, con la luz del día como guía, queríamos emprender y descubrir por nosotros mismos…

© Mª Luisa Blanco y J. Javier Terán

¡Cómo te extraño!

Quisiera, que hoy que, por los imponderables del destino, al igual que ayer y que siempre, me sigo encontrando alejado de ti, un tanto bajo de moral y con el espíritu arrastrándose ya por el mismo suelo, me contases, así una detrás de otra, sin pausa alguna, tantas cosas tuyas como te fuera posible.

Porque, siendo tuyas, lo serán también un poco o, sin duda, un mucho mías por mor de lo que vivimos juntos, que fue algo excelso y maravilloso. Y, a la par, si quieres, te confesaría yo otras mías….; que, por la misma razón, serían igualmente tuyas.

Porque tú sabes que no fue mentira nuestro amor. Que lo que vivimos no fue un sueño, aunque en más de una ocasión, por razones obvias, en efecto estuviese presente en nuestros sueños. Que fue vivido y sentido a la par; que no fue ninguna quimera, aunque muchas veces fantaseáramos con podernos ver y tocarnos en la intimidad; sentir nuestras manos entrelazadas y nuestros cuerpos bien pegados. ¿Cómo hubiera sido un encuentro así…? ¡Nos hubiera sentado tan bien…!

Y es que nuestro amor fue real, sí muy real…,¡amor!; aunque en la distancia…, eso sí….. Y sobre todo, en el pensamiento y en el corazón de cada uno de nosotros. Nunca pasó más allá de los papeles y de los “te quiero” virtuales, que las redes sociales nos acercaban cada día. Y que, nosotros, cual chiquillos tiernamente enamorados que cada día acuden a clase y anhelan encontrarse, ansiábamos poder leer de buena mañana.

¡Cómo te extraño, amor!, ¡cómo te echo de menos! en mi pantalla cada mañana, y cada tarde, y cada noche…, ¡te quiero!

Quizás el destino, nunca escrito para nadie, nos procuró a nosotros este encuentro, que fuimos matizando, palabra a palabra, hasta convertirlo en un sentimiento. Y, sí, yo también ansío saber de ti.

Tú ya sabes que siempre sonrío y que mantengo mi moral lo más alto que los días me permiten. Es una tarea difícil, porque te recuerdo, te necesito y tan sólo te dedico esa sonrisa para que te animes. Yo también te extraño, cariño; más de lo que jamás puedas imaginar… Te busco en los sueños y acompaño nuestra realidad furtiva en la distancia con tu recuerdo.

Qué podría contarte ya, mi amor, si te conté tantos momentos míos…, tantos secretos, incluso los mejor guardados, que sirvieron para unir aún más nuestros destinos. Lo compartíamos como si fuera nuestra propia historia… Y claro que lo era; me enamoré de ti y me filtré en tu corazón para unir cada latido, para sentirte tan cerca como el deseo de tenerte tan junto a mí.

Y te confieso que mis fantasías nacían de tus palabras, de nuestra imaginación fértil; ¿eso es también amor?… Yo así lo siento intensamente, y te extraño porque no puedo depositar mis besos en tus labios, unir nuestros cuerpos como unidas están nuestras almas.

Cuánto sentimiento, amor, llevo guardado en mi pecho. Y claro que nuestro amor es real y nuestro encuentro sería el más maravilloso y mágico del mundo. Tan compenetrados siempre, cariño, que más que dos, parecemos uno solo. Tan cierto, como que en este instante te siento a mi lado y siento también hasta el calor de tus manos cogiendo las mías con ternura… Estás aquí, siempre has estado en mí; porque así lo decidió nuestro destino. Y aunque quizás nunca nos podamos mirar a los ojos, nada nos impedirá amarnos…; así, como dos chiquillos ante su primer amor. Y ya sabes que ese primero es el que no se olvida y se queda grabado a fuego en el corazón…

¡Cómo te extraño, cariño!; y cuánta falta me haces cada mañana, cada tarde y cada noche; cada día de mi existencia…. Hasta mañana, ¡amor!; y no olvides que te quiero; y que mañana al despertar encenderé la pantalla de mi ordenador con ímpetu de enamorados para leer tus palabras a través de la distancia, de esa distancia que desnuda mi corazón, latido a latido, para unirlo junto al tuyo…; ¡te quiero!

© Mª Luisa Blanco y J. Javier Terán

Y… HOY QUIERO CONFESARTE…

Fotoguarida

¡Amigos del Blog de “La Guarida…”!: Con nuestras dos sucesivas entradas, queremos apostar aquí por algo nuevo (a ver si funciona el invento).

Se trata de un mismo y único texto, el cual hemos elaborado primero en verso y luego en prosa, con las adaptaciones mínimas requeridas, por aquello de encajar las palabras y las frases en uno u otro formato y darle sentido al texto. A ver qué os parece. Muchas gracias.

© Mª Luisa Blanco y J. Javier Terán.

Y… HOY QUIERO CONFESARTE…

Con la mirada perdida, tal vez tras la ausencia

mirando un fondo gris,  allá a lo lejos

donde el corazón deja de latir tanto silencio

y se nublan las estrellas de mi cielo.

Y llueve insistentemente

por los cauces de un recuerdo

por mi rostro imperturbable

acaricia estos tiempos de mi cobardía.

Donde los sueños te atrapan y el miedo se apodera

de esta soledad que acompaña

como si la muerte estuviera acunada en tu regazo.

Con la mirada perdida en ese más allá

tan cerca de mis latidos

todo se nubla en los recuerdos e intento despertar;

tú no estás, lo sé, hace tiempo te fuiste, no sé dónde,

nunca quise despedirme, para guardar intacto

este sentimiento…

Y no lo dejaré agonizar, aunque la muerte siga merodeando mi tiempo

siendo parte de mí, como la lluvia que se convierte en lágrima,

como el olvido que se convierte en un sueño repetido.

Y está de más que te diga, que aún anhelo tus palabras,

que deseo ese beso que se fue sin posarse en mis labios,

ese abrazo que infunde valentía

y ese “te quiero” que sigue caminando perdido

por mi corazón…

Y sigo con la mirada perdida

tras ese fondo gris de mi melancolía,

y sigo manteniendo tu recuerdo intacto

cada segundo de mis días.

Escucha el secreto que quiero confesarte,

aunque no sé si te llegará el viento de mis palabras;

lo dejaré caer tan suave como una lágrima

y tan dulce como este “te amo”

que confieso para ti.

Y has regresado ante la llamada que reclama mis latidos,

para sentir que nuestra historia es y será imperecedera;

porque el amor es el eje de nuestras vidas,

porque tú y yo sólo podemos vivir siendo uno;

con nuestras disputas siempre enamoradas

y nuestras caricias a la vida, siempre acompasadas.

De verdad te extrañé en esta soledad que me mordía el alma,

y los tonos grises de la tristeza haciendo su cuna

en el tiempo que pasé sin ti…

Y toda mi necesidad eres tú, ¡amor!;

porque amanecer sin ti, es no levantar nunca la felicidad,

es vivir sin emoción, en el blanco y negro del olvido.

Tal vez me empeciné en ocultar mis sentimientos

y me lancé a un vuelo sin alas y caí…

Y ahora sé que tus brazos siempre me darán calor y fortaleza,

que tus besos son el néctar de mi felicidad;

que todo tú, eres mi yo oculto

porque, ¡amor!, tú sigues siendo el motor de mis sentimientos.

No te vayas nunca, quédate;

y escucha cada día este “te amo” nuevo y sincero

que nace para ti…desde mi alma.

© Mª Luisa Blanco y J. Javier Terán.

EL MISTERIO DE SU MIRADA

Tras un día largo en lo laboral, llegué a casa entre cansada y aburrida. Todo estaba en silencio y decidí subir al desván. Necesitaba quizás pensar o, tal vez, llamar a la melancolía solamente. A veces me gusta hacerlo, porque me hace sentir que vivo a mi manera.

Agitados los pensamientos con una sensación de soledad diferente pero conocida, me puse a rebuscar en unas cajas de zapatos allí apiladas conteniendo pequeños enseres y cosas en desuso, casi todas insignificantes ya en mi día a día actual.

Entre esos pequeños trastos, había fotografías en color sepia, como si el tiempo sí que hubiera pasado por ellas marcadamente. Aunque, sorpresivamente, manteniendo intacto el momento en el que fueron creadas, en ese pedacito de papel donde el tiempo pareciera no existir, y como si nada hubiese envejecido a pesar de haber desaparecido, seguramente, quien la realizó…

Me llamó la atención de una manera harto curiosa una de estas fotos en concreto que representaba a una mujer de mediana edad. Tenía una mirada intensa, profunda, y casi casi se le podían adivinar sus pensamientos en aquel momento.

Y destacaba también su tristeza, como si, cuando fue fotografiada, tuviera algo pendiente de hacer…; como si antes de marcharse de aquí hacia ese otro mundo desconocido de donde no se regresa jamás, le quedara algo por resolver…

Pero qué hacían aquellas fotografías allí?; serían acaso de mis antepasados?, me preguntaba. Qué podía unirme a mí a aquella mujer que, por otro lado, no me era del todo desconocida!. Y que me miraba con insistencia con esa mirada opaca y clara a la vez, como queriéndome decir algo, como queriéndome hablar sin palabras…

Bajé del desván un tanto nerviosa con aquella fotografía en mi mano, intrigada y con ganas de descubrir algo sobre ella: la historia que pudiera encerrar aquel papel amarillento que tenía impresa la figura de aquella mujer de mirada tan profunda y misteriosa a la vez…

Como mi mente no dejaba de maquinar historias tratando de hacer averiguaciones con regresión al pasado sobre vivencias, anécdotas, recuerdos que de pronto me venían al pensamiento, volví a coger la fotografía e, instintivamente, le di la vuelta, observando que sobre su gastada y amarillenta superficie se podían leer algunas palabras sueltas, inconexas y sin relación aparente, que en principio no mostraban ningún mensaje entendible.

De pronto, recordé retazos vagos de una leyenda que sobre la presencia de pretendidos fantasmas que en tiempo pretérito pudieron haber rondado la casa y aquellas estancias en las que ahora me encontraba, nuestro abuelo, entre bromas y veras, nos contaba a los más pequeños de la casa, reunidos junto al fuego de la chimenea, en las tardes frías del invierno.

Volvía a ser invierno ahora y, aquella tarde frente a la chimenea, con la fotografía de aquella dama misteriosa en mi mano, mientras las llamas devoraban con verdadera fruición los troncos de madera y el calor se extendía por toda la estancia, tengo que reconocer que surgieron fenómenos extraños en aquella chimenea.

Así, pude observar cómo las llamas, aunque encabritadas por momentos, no conseguían destruir los troncos de madera, que seguían conservando su estructura, y el calor iba aumentando considerablemente en la estancia hasta hacerse casi insoportable, en tanto que las llamas adoptaban formas extrañas que se escapaban de su habitual habitáculo y amenazaban con incendiar la habitación…

Sin saber qué hacer, ni qué decisión tomar, abandoné de pronto la fotografía de la mujer sobre una mesa cercana y salí corriendo del lugar. Diríase que legiones de espíritus, desconocidos hasta ahora, se estaban haciendo los dueños de la situación por momentos.

Cuando, al cabo de unos minutos, regresé de nuevo al salón con cierta preocupación y temblando de miedo, el fuego de la chimenea se había apagado ya al completo al consumirse la totalidad de los troncos.

Pero, los espíritus que el fuego lanzó al exterior de la chimenea, andarían sueltos por las diferentes estancias de la casa, o quedaron destruidos con su propio fuego?

Tendría que ver aquel fenómeno con haber sacado aquella fotografía de la caja del desván y haberla paseado por la casa?.

Era muy posible en cuanto a lo segundo, por la coincidencia en el tiempo de aquellos fenómenos tan extraordinarios recién vividos; pero en cuanto a lo primero, sólo el tiempo me podría ofrecer la respuesta.

Por lo que la cuestión estribaba entonces en tratar de devolver la fotografía de manera inmediata a su escondite en el desván… Porque haberla arrojado al fuego en aquellos instantes, hubiera sido el desenlace de una catástrofe de límites insospechados…

© Mª Luisa Blanco & J. Javier Terán