DESEOS DE NAVIDAD

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Era una mujer con tantas arrugas en su cuerpo que pareciese reflejar, toda una vida llenas de penurias y llantos por aquellos que amaba, más que a su vida propia. Su marido Juan enfermo en cama desde hacía un tiempo, tanto era que ya se la había olvidado, tan solo sabía que ella era quien lo cuidaba con tanto cariño, que él la decía, vida mía, vive algún día por ti, arréglate y sal a pasear contagíate con la alegría de la gente, va llegando la Navidad, yo estaré bien, ella se negaba a dejarle solo tan solo para ir a trabajar para poder subsistir. Sus hijos ya mayores independizados, venían a casa de vez en cuando, ella siempre tenía reservadas unas pastas para su visita, a veces se quedaban rancias por falta de quien se las comiera, ella era feliz con oírles por teléfono, pensaba ya vendrán y estaremos aquí para ellos.
Tenía un pequeño altar con su virgen y su niño Jesús, los rezaba cada noche, les pedía por la salud de su marido, la gustaría verle otra vez sonreír, dar un paseo de su mano sería el mejor regalo para ella por navidad, volver a tener a todos sus hijos alrededor de su mesa cenando pensaba, que cosas más difíciles te pido mi niño, como van a venir si no tengo para darles de cenar, ni regalos para agasajar a mis nietos, que poco se acuerdan de cuando reían con su padre al contarles un cuento, que felices decían que eran, con un mendrugo de pan y un poco de leche, teníamos poco pero éramos felices.
Salía cada mañana a trabajar se despedía de su marido con un beso, le decía hoy puede ser ese día que me escuche mi niño y te puedas levantar, el marido la miraba y la decía te quiero. Iba de camino pensando, hoy es el sorteo de la lotería, no me tocara pero me alegrare que los toque a los demás, llego a la casa donde trabajaba, la señora la tenía mucha estima, sabia de sus carencias y penurias, la dijo: María que desearías para estas Navidades, ella muy educada le dijo que trabajar más para poder dar una buena cena a su marido y algún destello de luz para su enfermedad, y para usted María que pediría, la volvió a preguntar su jefa, para mi señora nada que podría pedir para mi , con ver a todo el mundo celebrarlo yo soy feliz.
María continúo con sus labores y pensaba que la quería decir la señora con esas preguntas, la señora la dijo, que se iba hacer unos recados, llegaría por la tarde, ella como siempre fue haciendo su faena. La señora o jefa, fue a ver a su marido a la oficina y le conto lo que había planeado, para que su estimada María tuviera una feliz Navidad, al marido le parecía estupendo el plan, María llevaba muchos años con ellos haciéndoles favores y ella nunca había recibido nada a cambio tan solo su triste sueldo, en ese instante empezaron su tarea, para sorprender a la pobre María.
Llamaron a Don Luis que era su médico y muy famoso por su destreza en enfermos crónicos, fueron a visitar al marido de María, le dijeron quien eran y lo que querían hacer, el les dijo: no lo tienen fácil pero adelante si así mi María fuere feliz un día yo daría mi vida a cambio, el médico le dijo que eso no haría falta, lo examino, y enseguida se dio cuenta que la enfermedad de Juan era una pulmonía mal curada que le quito la movilidad y le retuvo en cama por tantos años, mando a la señora que fuera al hospital y le trajera unos medicamentos y jeringuillas, le dijo a Juan , no quisiera equivocarme pero por mi profesión que usted para Navidad se levantara, tres días quedaban duros para todos, sobre todo porque María no debía enterarse.

Iban planeando los señores los pasos que irían dando para que todo saliera perfecto, dirían a María que estos días la pedían el favor que estuviera el máximo tiempo posible en la casa para los preparativos de las fiestas, por supuesto María acepto de buena gana, sabía que más dinero llevaría a su casa, por ese lado sin problemas, ahora les tocaba a los jefes buscar a los hijos de Juan y María, fue fácil con los contactos de ellos y vecinos del matrimonio, dieron con ellos en horas, todo iba bien, estaban felices de poder dar unas verdaderas Navidades , a ese matrimonio que tantos años los habían servido sin pedir nada a cambio. Los hijos que eran dos una hija y un hijo, vivían en un barrio de media clase a las afueras de la ciudad, cuando los señores aparecieron junto a su puerta, se pensaron lo peor, enseguida se acordaron de sus padres, se miraron y los dos se echaron a llorar pensando en cuantas veces dijeron de ir a verlos y por falta de tiempo o no querer volver a esa casa tan pequeña, no volvieron desde hace muchos años, si los llamaban por teléfono pero enseguida colgaban pensando, siempre dicen lo mismo, cuando os veremos, estamos deseando ver a los niños, nunca volvimos no tenemos perdón de dios por no haberlos visitado cuando podíamos. Los señores, los dijeron no os preocupéis, ellos están bien y quizás con lo que os venimos a decir, los podáis visitar y dar unas navidades como las de antaño, vuestros padres os llevan dentro de sí y siempre rezan porque un día volvierais a cantar en su casa y sobre todo volver a veros y a los niños.
Después de hablar de todo lo que les pasaba a sus padres y lo que habían planeado para que pudieran volver a sonreír, se lo merecían ellos habían sacrificado su vida para que ellos vivieran ahora en esta casona y tuvieran sus carreras para que no tuvieran que pasar penalidades como ellos las pasaron y las pasaban, les pidieron un favor que más bien era un regalo conjunto de todos ellos que el día de Nochebuena, sobre las ocho de la noche se presentaran en su casa donde sus padres no se esperaban nada tan solo pasar una noche mas, sería el mejor regalo que jamás podrían imaginar. Los hijos los dijeron a los señores que podían llevar a casa de su padre, los señores los dijeron con vuestra compañía tendrán suficiente, nosotros nos encargaremos de que no falte de nada en esa casa desde los mejores manjares por supuesto cocinados por las manos de vuestra madre, también están preparando presentes para todos, si estáis dispuestos a ello pasaremos una Navidad en familia todos juntos a ellos, los hijos dijeron que por supuesto aunque tarde se dieron cuenta que sus padres eran lo mejor que les había pasado, les habían dado la vida y ellos a cambio los habían dado la peor moneda el olvido, desde hoy en adelante nunca más los tendremos en el olvido eso se lo podemos prometer señores, gracias por todo y por devolvernos a nuestros corazones a nuestros padres, así acabo la conversación, hasta el día de Nochebuena, allí os esperamos.
Los días de María fueron largos, preparando tanta comida, ella pensaba, estas fiestas van a tener más invitados que de costumbre, madre mía si yo pudiera tan solo cenar con mi Juan algunos de estos manjares, pero bueno ya llegaran tiempos mejores y para seguir con su faena, canturreaba un villancico que les cantaba a sus hijos cuando eran pequeños.
Para Juan no eran días aburridos, ni de dolor por no poder dar a su mujer un baile de enamorados, eran días de dolor pero bien empleados, ya en pocas horas había conseguido ponerse de pie con ayuda de unas muletas y los medicamentos tan concentrados que eran dosis para caballos, decía el doctor, pero todo por ver a Juan recibir a María el día convenido, poco a poco todo iba saliendo perfectamente.
Por fin llego el día de Nochebuena, María le propuso a su señora que después de comer la gustaría salir para estar un rato en la iglesia, rezaría para que sus hijos pasaran unas felices pascuas, rezaría por ellos para que siempre fueran tan buenas personas que la daban trabajo año tras año y rezaría por la salud de su marido quizás algún día podría recibirla como hacía años, con un abrazo a la entrada de su humilde casa, a la jefa se la rompió el alma cuando tuvo que decir a María que tenía que quedarse hasta más tarde porque iban a llegar los primeros invitados y ella los tenía que recibir, mientras ella se arreglaba, después la llevaría el señor hasta su casa en el coche, no hace falta señora es un paseo y ya deje la cena echa, todo estaba ya dispuesto.
Los hijos iban de camino alegres y contentos por volver a ver a sus padres y que estos por fin conocieron a sus nietos, a partir de ahora irían cada domingo a visitarlos y hasta los animarían a ir a sus casas por temporadas para poder recuperar tantos años de olvido. El marido con ayuda de los vecinos que sabían de la sorpresa que la esperaba a María le ayudaron a vestirse con un traje y la esperaba sentado delante de la puerta, mientras tanto la señora llamo a María la dijo, mira se que no me he portado bien estos días dándote tanto trabajo y no dejarte descansar y estar con tu marido, ahora te voy a dar mi regalo de Navidad, espero que sea de tu gusto, ella abrió una gran caja de color malva que era su favorito, allí había un vestido del mismo color con lentejuelas plateadas, la caían lagrimas mientras repetía, esto es mucho señora yo no puedo aceptarlo, la señora la dijo: esto y más te mereces María pero por favor póntelo quiero verte como te queda espero que sea de tu talla, la quedaba perfecto era su talla, ella dijo bueno señora me lo quito y si no me necesita más, me podría ir ya a casa donde mi marido me espera, la señora la dijo: si ya nos podemos ir a tu casa, te acompañaremos nosotros, y por favor no te quites el vestido, ella con miedo de llevar la contraria a su jefa, no dijo nada.
Ya entraba el coche por la calle de su casa, María dijo me puedo bajar aquí, señores la calle es muy estrecha y encima hay coches por todos las lados, claro hoy vienen los hijos de los vecinos, los míos no vendrán ya vendrán otro día. Los señores se bajaron del coche, él la abrió la puerta a María y la deseo una feliz Navidad, ella no comprendía nada, también les deseo una feliz Nochebuena y se dirigió a su casa, al abrir la puerta vio a su Juan sentado en su sillón leyendo el periódico, se froto los ojos, creía estar soñando, mientras tanto Juan se levanto y la dio un abrazo y un beso, ese que tanto habían deseado los dos durante tantos años, María no dejaba de llorar y decir no me lo creo que broma mas macabra me juega mi niño Jesús, pero Juan la dijo no es una broma mi vida me he curado.
La puerta sonó, ella como pudo se seco las lagrimas del rostro para recibir seguro alguna vecina que la trajera algún presente para esa noche, casi se desmaya cuando vio aparecer a sus hijos con sus parejas y sus nietos, pero que milagro tan grande, tantas veces rezado y ahora se hacía realidad, besos, abrazos y risas resonaban en toda la casa, había vuelto la alegría hasta allí, volvió a sonar la puerta y María abrió, la sorpresa no había acabado eran sus jefes con todos los manjares que ella misma había cocinado con tanto amor para ellos.
La señora le pidió permiso a María, para poder cenar con ellos esa noche se cenaba en familia y ella era su familia, María no cabía en sí, no sería todo un sueño, pero cuando cerró la puerta se dio media vuelta y allí estaban su marido curado, sus hijos con ellos y sus nietos cantaban el villancico que ella les cantaba, le dio gracias a su virgencita y a su niño Jesús por darla las mejores navidades de toda su vida.

FELIZ NAVIDAD 2016

© Manoli Martin Ruiz

De la Navidad Una mirada perdida, a destiempo

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En la mirada perdida, a destiempo, se entre cuelan los sentidos de las distancias propias de días qué alguna vez significaron muchas cosas y hoy en día, todo se perdió por completo.
Las enseñanzas ya no mandan, se quebraron por alquimias insensatas qué jugaron su propio papel, insignificantes destinos propició, y se quedó en agua de borrajas, cuando lo más importante, debería de haber estado en las familias y su sentido del buen convivir y no morir en el intento de saber valorar lo que se tiene al lado, cuando las realidades se fueron prefijando en exteriores que otros alguienes fijaban, sin ver más allá de esos intereses que solo llena bolsillos vacíos, al no apreciar la esencia de las personas que se quieren de verdad.
Unos ojos que pueden hablar tan claro y perfecto, qué a veces da miedo hasta preguntar, si en sus vidas hay felicidad o tan solo existe, lo efímero de los días concretos, esos qué no sirven para nada y luego, se quedan en un baúl, hasta el año que viene. Olvidando el sentir de la vida de alrededor y sin poder ver más allá.
Cuando las realidades se visten de hojarascas enmudecidas por la pasimonia de las vanidades que una existencia dejó arrimarse para ganarse confianzas que son desmedidas y no sirven para nada más, que ser, hogares llenos de renglones sin colores en su variedad singular.
El silencio se inmiscuye más allá de lo permitido y hace estragos donde nadie le llamó. Es insignificante, pero, marca distancias que no deberían de existir en esos días que lo más importante es la unión de las personas. Y, siempre hay algo que lo incluye y se acerca tanto, qué llega a quemar y convertirse en algo impropio y con las horas contadas, se delimitan los días que una triste Navidad vino a sacar fuerzas de los mismos límites del vivir y no morir en el intento de recoger las migajas que otros fueron tirando por la borda de un barco a la deriva.

Una navidad, minada por las tristezas de la pérdida de un ser querido, el cuál, nunca volvió, ni hubo tan siquiera esa innegable posibilidad.
A pesar de que todo el mundo no paraban de decir… ¡¡Un día, el qué menos pensarás… podrás volverlo a encontrar. Es sabido, que esa fecha será una realidad. En sí, nunca llegó. Porqué, esa irrealidad, existe en la mente de según quienes dicen creer en esas cosas ancestrales, las qué nunca llegan a ser una realidad palpable!!
Años pensando que pudiera llegar algo que no podía ser… hizo qué todo se desmoronara por siempre…
Esa Navidad, se perdió, porqué, nunca existieron tales fechas… nunca se vivieron, no había una posibilidad. Y, las zumbadas que la vida va dando alrededor, son el significativo de un fin posterior… el qué nunca se acercó.

¿Qué es la Navidad?
Si te lo preguntas con insistencia, nunca llegas a comprender lo que significa.
Es una palabra llena de falsedad, la que contiene de verdad. Es la invención para un colectivo de personas, las cuales tan solo están interesadas en algo concreto e irreal, que nunca se llega a determinar realmente.
A la postre, lo único que realmente encuentras… son los Silencios de un montón de personas que no hallan una Paz, y sigues pensando, en la oportunidad de encontrar algo en sí. Pero, cuando no llega, es al mismo tiempo el sentir de algo que no existió jamás.
Tú mirar se expande hasta el más allá infinito, no se llega ni al filo de lo imposible, se para, en determinar algo qué ahí pudo estar algún día, pero qué ya no está. Se perdió, y el pensamiento es sabio, intenta ver más allá de lo qué alguna vez pudo ser, sin llegar a palparse realmente.
Los ojos se orientan en el Universo infinito, sin dejar de mirar una onda que no se percibe de cerca, mientras la cabeza gira y se detiene a ver qué ha pasado por su inmediato interior, ese qué se dice llamarse realidad…

A destiempo, se perdió la mirada, y la Navidad, se encontró en su mitad… la otra parte, no ha llegado aún, quizás por qué se sigue admirando, de la posibilidad de saber ver lo que no supo en aquellos entonces.
Los susurros se enmudecen y dejan de ser algo especial. Ya no se voltean, dejaron de ser visibles… La Navidad, De la Navidad, Una mirada perdida, a destiempo, en su mirar se estancó y no sabe volver hacia atrás y parar la medida del tiempo y dejarla en una esquina para qué sepa oler el sentido del ver más allá.
Es Navidad, las fechas que se conmemoran cosas que no se sabe si existieron un día. Los relojes de arena se pararon en un tiempo indefinido, y cada año vuelven a sonar sus horarios, los que muestran las fiestas de días que eran normales y se convierten en fechas por cumplir con esencias naturales del vivir en otro mundo inexacto…
Has de pensar, que sigues aquí, y por algo será… Es lo que más importa, hasta la fecha… eres importante para alguien, si no… quizás ni podrías vivir los días del existir diario.
© Mía Pemán

Regalo de Navidad

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Regalo de Navidad

Rojo vivo y blanco velo
oculta partes intimas
allí donde, encajes delinean
la ajustada tela

Claros y oscuros de luz
de una chimenea encendida,
clarece a ratos
piel perfumada
del deseo.

Donde chisporroteos
de leña encendida
subraya el expandirse
de efluvios embriagadores.

Acojo visión
como un sueño
creado de mis fantasías
sin embargo voz lánguida
susurra…

…Me dono a ti…

¡Acepto su cuerpo
con lujurioso amor!

© Greg D.

MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR

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MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR

Siguiendo una estrella,
por la tierra caminaron
y al llegar a Su pesebre,
de rodillas lo adoraron.

Mirra, Oro e Incienso
a sus pies con amor posaron;
el más hermoso obsequio
que en la tierra encontraron.

Hoy es noche de Reyes,
los niños con ilusión esperan,
esos juguetes tan ansiados
que en una carta escribieran.

Otros muchos, al despertar,
no recibirán ni un solo regalo,
Él nació solo para amar
y la pobreza dejó como legado.

Oro, Incienso y Mirra
con dolor en sus pies dejaron,
bien sabían que esos tesoros,
debería con honor llevarlos.

© Isabel San José Mellado

LA OTRA MÚSICA

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LA OTRA MÚSICA

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Un eco del canto
en la Nochebuena
me transmite llanto.

Es lo que se pierde
y lo que se queda
es un aguaverde
con lazo de seda…
y en la rueda rueda
es el desencanto
que transmite llanto
en la Nochebuena.

El Niño que llora
la risa en desgana
o la abrumadora
pasión de la gana,
que seduce ufana
la faz del quebranto…
me transmite llanto
la miseria humana.

Eco de querubes
sacuden el aire
y se abren las nubes
con ese donaire
que al rato es desaire,
y llueve entretanto
la emoción del llanto
que transmite el canto.

San José y María
al son de la estrella
tejen poesía
y toda querella
se convierte en huella:
acorde del canto
que transmite el llanto
de la Nochebuena.

©Julie Sopetrán

Rapto en el Portal de Belén

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Hacía algunos días ya que los operarios de la empresa constructora contratada por el ayuntamiento de la ciudad, construían de manera casi artesanal en medio de la Plaza Mayor el tradicional Portal de Belén, que durante todas las fiestas de Navidad daría acogida a las esculturas de gran tamaño que representaban a la familia de Nazaret, con el Niño Jesús como centro de todas las miradas, especialmente de los más pequeños. Aunque éste último no ocuparía su lugar en el pesebre hasta la propia víspera de Navidad, esto es el día de Nochebuena, coincidiendo con su nacimiento.

Y es que, claro, no tenía mucho objeto que estuviese el Niño en el Portal antes de que, en realidad, hubiese llegado el día en el que, según contaba la tradición, tuvo lugar su venida a este mundo.

Por ello, acabada aquel año la construcción del Portal y colocadas en él las figuras habituales, no sorprendía a nadie, incluso tampoco a los más pequeños –porque así se les había explicado-, que al acercarse al mismo en los días previos a la Navidad, el pesebre estuviese vacío, aunque en el fondo todos sabíamos que a los niños les causaba una pequeña decepción aquella soledad del pesebre.

Pero lo que sí sorprendió aquel año, y mucho, a los ciudadanos que se acercaban con sus hijos pequeños a ver el Portal de Belén, es que al atardecer del día mismo de Navidad el pesebre del establo siguiese vacío. Aquello ya rompía todos los esquemas

Si, incluso en la misa de la mañana, el cura nos había vuelto a recordar una y otra vez que estuviésemos alegres porque Jesús había nacido en Belén…

Y qué pasaba entonces en nuestra ciudad, que aquí no había nacido?, que éramos una excepción?…, o que la persona del consistorio encargada de colocar al Niño en el pesebre se le había olvidado hacerlo?. Era menester, pues, buscar a esta persona para que hiciese lo propio y el Niño apareciese en el lugar que le correspondía en una fecha tan importante como era la del mismo día de Navidad.

Así que la voz de alarma, por la extrañeza del caso, se extendió rápido entre los que acudían con sus hijos a visitar el Portal de Belén. Y la grey infantil, sorprendidos a más no poder, no dejaban de preguntar a sus padres una y otra vez por esta inesperada ausencia.

Pero muy pronto corrió la triste noticia por los alrededores de la Plaza Mayor y se fue extendiendo como la pólvora por toda la ciudad: ¡el Niño Jesús había sido robado del pesebre del Portal!…

La decepción, el dolor y el rechazo por tan deplorable acción, se apreciaba en la ciudadanía en general, pero sobre todo en la cara de los más pequeños, que no entendían el por qué de todo aquello.

Se recurrió a la policía para que comenzase la oportuna investigación preguntando por aquí y por allá. En tanto, los más pequeños, mientras jugaban en la plaza, echaban de soslayo una mirada de hito en hito hacia el Portal por ver si había novedades.

En el ambiente de la Plaza, aunque nadie se había percatado de ello, aparecía a lo lejos la figura de una persona delgada y un tanto desgarbada que observaba todo aquel escenario con lágrimas en los ojos. Porque era ella misma quien se lo había llevado horas antes. Nadie la conocía. Y nadie sabía tampoco la cruz que estaba soportando desde entonces, cuántas lágrimas derramadas por lo que ella pensaba era hacer bien a otros…; porque seguro que las autoridades colocarían rápido otro niño en el lugar del que ella lo había hurtado.

Estaba anocheciendo, ya estaba a punto de culminar el día de Navidad más triste que la ciudad había vivido, y el niño Jesús no aparecía. Hubiera sido fácil desde el primer momento colocar otro niño en el Portal, pero se pensaba que todo obedecería a la gamberrada de algún grupo de jóvenes y que pronto se diera con ellos.

En esas estaban, cuando de pronto volvió a aparecer en la Plaza aquella figura un tanto desgarbada que, con pasos lentos se acercó hasta el Portal y con el mayor de los disimulos posibles depositó al Niño Jesús en su pesebre.

La historia que relató a las autoridades para explicar el motivo de su acción, les impactó y les enterneció a todos: Su situación económica era muy precaria y tenía tres hijos menores, que lloraban desconsoladamente porque no tenían un Nacimiento en su casa. No les importaba tener lo mismo que otros días para la cena de esa Noche, pero lloraban por no poder ver al Niño Jesús en su casa.

Así que a su madre, para darles ese pequeño regalo a sus hijos, se le ocurrió tomar prestado el del Portal de Belén oficial de la ciudad, pues pensó que el ayuntamiento lo repondría sin mayor problema.
Las autoridades sintieron que su corazón se ablandaba ante tamaña historia de amor, pensando por momentos en que eso mismo les podía haber ocurrido a cualquiera de ellos. Y, de común acuerdo, quisieron contribuir a la alegría de aquellos pequeños, regalándoles, entre otras cosas más, un pequeño Portal de Belén con un precioso Niño Jesús en el centro. Y, además, obsequiarles con todo lo necesario para una cena de Nochebuena especial, con dulces y turrones incluidos; a lo que unieron algunos juguetes muy del gusto de los pequeños. Convirtiéndose así las autoridades, de esta suerte, en unos generosos Reyes Magos adelantados a su fecha tradicional.

© Manoli Martín & J. Javier Terán

NIEVE EN EL DESIERTO, PALMERAS EN EL PESEBRE

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A lo lejos divise un grupo de pastores, conducían su ganado con tal destreza por las dunas de arena que ninguna se perdía, yo andaba con mucha dificultad, tapado hasta los ojos porque la arena me cegaba, llevaba conmigo un presente que siendo sincero, me lo había dado un sabio tan solo me dijo: este regalo se lo entregaras a él, cuando estés en su presencia, le adoraras y le rezaras por todos nosotros que no podremos asistir. Yo le pregunte: y como sabré quien es él, como lo reconoceré. El sabio se iba alejando de mí, cuando me dijo: sabrás quien es en cuanto tengas fe.
En el presente ponía como un acertijo: iras caminando por el desierto y veras nevar, caminaras por muchos lugares, todos los lugareños tomaran el mismo rumbo de caminar y tú los seguirás. Emprendí mi viaje, con un hatillo donde guarde algunas monedas y mi presente, tan solo sabía que debería seguir a los pastores, ellos me llevarían a donde estaba él, donde me guiarían, cuantos días tardaría en llegar a mi destino, me darían de comer y beber los pastores.
Los pastores se iban acercando, estaban a mi altura del camino arenado, el sol encima del cielo, eran las doce del mediodía, los pregunte a donde se dirigían y ellos me contestaron: donde nuestros pies nos lleven, esperamos una señal que nos diga donde esta ese rayo de luz que traerá paz y amor a esta tierra. Les pregunte que si podía unirme a ellos y el más anciano contesto: te estábamos esperando para seguir el camino juntos.
Pasamos por aldeas y pueblos donde se nos unían más pastores con sus mujeres e hijos, cada noche el anciano nos decía ya estamos cerca del salvador. El quinto día se levanto una tormenta de arena, que al pasar dejo un frio que nunca habíamos sentido ninguno, como podía ser posible pensé, al anochecer el cielo se puso blanco como si fuera de día, empezaron a caer bolitas de hielo y en nieve se convertían, precioso espectáculo un desierto nevado, se hacían hogueras a cada paso, el anciano nos dijo: esta noche cobijaros unos con otros hará mas frio que de costumbre y el final de nuestro viaje se acerca. Dormitábamos todos, cuando una luz cegadora nos despertó, unos asombrados lloraban, otros con miedo rezaban, quizás era el final de los días, era una figura de un ángel, nos miraba a todos con admiración, asentía con su cabecita era como un niño entre halos de estrellas y paz, el anciano nos dijo escuchar: Bienhallados seáis, mañana llegareis a Nazaret donde el recién nacido os espera para el bien de vosotros y traer la salvación de todos, ir contentos, cantarle y sonreírle, él os dará la fe para que creáis en él, igual que había aparecido, despareció dejando su huella en el cielo.
A media noche cuando parecía que el cielo se iba a llenar de estrellas en compañía de la luna redonda y brillante, todos miramos hacia arriba y allí apareció una estrella tan hermosa que jamás pudimos imaginar la seguía una estela de luminosidad única, el anciano, nos dijo: levantaros, la seguiremos, ella nos guiara hasta él.
Íbamos avanzando y los pastores empezaron a cantar melodías alegres, que hablaban de un tal mesías que nació para la salvación de todos, otros cantaban a una tal María que era la mujer más pura y madre del salvador, poco a poco me contagie de su alegría y yo también canturreaba con ellos. Llegamos a una pequeña aldea de nombre Nazaret, donde la estrella se poso encima de un pobre pesebre donde ya había muchos pastores allí arrodillados.
Dentro del pesebre había un hombre que se hacía llamar José de profesión carpintero, una mujer de tez tan blanca como la nieve, arrodillada al lado de una caja que hacía de cuna donde un niño recién nacido sonreía a todos que se acercaban, todos iban dejando presentes para los padres y para ese niño, ahora entendía lo del presente y sabía que era él a quien se lo diera y él me daría la fe para seguirle siempre. Me arrodille enfrente de él y le dije: mi niño soy pobre, ande por desiertos nevados donde me condujeron a estas palmeras en tu pesebre, un sabio de Jerusalén me dijo que te entregara este presente y así lo hago con todo mi respeto, el niño que sus padres le llamaron Jesús, me sonrió y me pareció oírle, gracias Pablo.
Me levante despacio, como si no quisiera desprenderme de esa mirada azul como el cielo, sonrisa tan sincera como ahora era mi fe por él y siempre seria su seguidor. Los pastores hicieron grandes hogueras, sacrificaron corderos para que todos los allí reunidos cenaran y bebieran por el nacimiento del Mesías, porque a partir de ese día todos los cristianos tendríamos a nuestro salvador y celebraríamos su nacimiento llamándolo Navidad.

© Manoli Martin Ruiz