38.- LA DANZA DE UNOS ABRAZOS AJENOS

El acierto desperdigado fue, no caminar
ni al lado, ni a la deriva,
sin mí… tus pies se olvidaron de andar,
tan torpes fueron qué se estrellaron
con el pensamiento y danzando se apartaron.

Torpes fueron, y se aislaron no sabiendo que hacer
con tus pasos desechos, caíste al suelo
fracturándote el entender y la sintonía cabizbaja,
se dio de bruces contra ese asfalto no visto
y tus suspiros rezumaban de espanto, sin aliento.

Por la playa a medio paso fuiste, sin aliento
y saliste despistado en las orillas, del grueso mar
teniendo a los lados, las caracolas salvajes
llenando de arena tus huellas abstractas,
mientras el agua llegaba a tus pies desnudos
acariciando lo que un día quedó en descanso,
fuera de una terminación más bien cansada.

Las palmeras expectantes miraban sin habla
creyendo encontrar un albor a media tarde,
cómplices de un amor en descanso…
aspirando a tocar las verdes sombras
abrazados al unísono de angostos sentires.

Aquellas cristaleras de amplios anclajes,
sabiendo que te alejabas sin perdición exacta
arropado por otros brazos,
escogidos sin importar quién estaba al lado
ni sentir el hablar lento de los reflejos
bajo el gran sopapo que ibas a recibir.

Tiempos ligeros corrían y no sabían
qué la sensualidad atrapaba el clamor
adhiriéndose a una copa de vino negro,
tan negra su estela… cómo el carbón
y sus lazadas pasaban de largo,
llegándote incluso a dejar bien claro
aquellas muestras de cariño adicionales.

No supiste despojar el capullo que te ofrecieron
más siempre dijiste, qué una mujer sea cono sea…
tiene aportes que mostrar a quién se le ponga por delante.

Raras las palabras avocadas al desencanto, escucharlas
cuando alguien sabe qué decir y no es capaz de hacerlo
más aún si es de esa clase de despropósitos qué se oyen,
los atavíos se dejan despojar, sí el encanto se enamora
escalofríos dan, en demasía si sabes qué estás delante
y ese alguien, qué es un aprovechado irresponsable,
que solo se quiso adueñar de su estampa…
porque necesitaba sentir el contacto humano
llano y sencillo, de un ser en desaliño
mirando por encima del hombro para no
escuchar palabras ajenas, si no tan solo
mirar alrededor y ser aclamado por el deseo..

Te abriste en canal, a quién te mostró desidia
no entendiste nada de nada,
te saliste del cascarón en bruto y a lo tonto,
ni abrazos os distéis… tan solo clamores agrestes
quisiste abrir un capítulo inalcanzable, y lo sabías…
tiempos y llanuras se alzaron al contratiempo
y el descaro se ahuyentó en desproporción insular.

© Mia Pemán