Ya Jesús no está en Belén.
Sobre un lamento profundo
el niño grande del mundo
reza en las alas de un tren.
Navega por otro Edén
sin pecados ni manzanas
cosiendo viejas campanas
que se rompen en los puentes
cuando cantan las serpientes
al llanto de las ventanas.

Ya Jesús dejó el madero.
Va sangrando en otra fuga
de la tarde que se arruga
en el vaivén de un velero.
De luz, hace un aguacero
sobre la sombra encendida
de la navidad herida
que se asusta de la niebla
cuando el alba se le puebla
con el humo de la vida.

© Jesús Álvarez Pedraza