Despertares

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A las madres agua

 

Quiero escribir felicidad como un buen canasto de mimbre
recuerdos de juventud
un cuento soñado me hace llorar
la vida sea una carrera,
unas veces larga, Sigue leyendo

Corazón de Peter…

Curiosa formas maneras de ver la vida
yo soy…
una nube de blanco algodón
tú sola presencia
tú boca que ríe
un beso silencio
y un castillo de hielo en el verano
con un camino de fresa y chocolate. Sigue leyendo

Espejo sin reflejos

La tinta derramada sobre
mi pálida dermis y mis palabras
se fusionaron hoy
en un verso convexo,
como una madura lluvia
soñada…
arrastrado por un viento
embriagado de caricias y besos
se detuvo en tus labios.

Acaso hoy que la poesía
corre por mis venas,
sangra por mi boca
como una verborrea.

Sea como un bálsamo
posada en mi piel,
acuarela y tierra
entre mis manos,
y como un niño
pinto salvajes paisajes,
decoro tu cuerpo.

Describo sedientos paisajes
ardientes sobre tu plano vientre,
de recorrido largo caminar
en multitud de deseos,
deseos desde Estambul a
Venecia, sembrado camino de hormigas errantes.

Reguero de aguardientes,
sima en trozo de papel,
la tapia licuada
la desdeñada calle,
sobre la que el niño orina,
perro que ladra al viento del sur
la mano que recorre la espalda,
mientras persigo hambriento
desnudo y sediento
los espejos sin reflejos…

el vuelo de un halcón
se vuelve voluptuoso
y el cortejo fúnebre
de monstruos,
se estrecha en la senda
y marca toda mi piel
con rencores de cicatrices,
dinastías hambrientas
de lodos, como dos locos
se enzarzan en apretada trenza…

feroces y adúlteros,
desnudos en rojo bosque oscuro
de piedras erguidas,
juntan labios en un beso
de sangres imposibles,
fijan sus manos en frenéticas
encrucijadas, alzando sus copas
en medio del sopor de ventiscas
con respiración de muerte.

Pequeña razón humana
sin palabras verso
con la garganta abierta,
la larga sombra del caracol
tendida en la noche sin horizonte alguno,
inmensa ciudadela
sembrada y baldía
duerme a la grupa de pedruscos.

Mientras un rojo cielo
como sábana cubre mi cabeza,
mis manos llagadas llenas de cenizas,
mientras el viento
arrastra sudario,
silencios golpeando la noche
tan incierta.

Hojas amarillas
revolotean entre las altas yerbas
cansadas del camposanto,
mientras las dolientes agujas
de cipreses, llantean al cielo,
respiro hondo
y bebo el aguamiel
que de tus senos se desprende
mientras un coro de mariposas
desnudas sin alas ni flores
a la puerta de la casa vacía
esperan.

© José Manuel Martínez