En el día del padre, un recuerdo para mí madre….

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Haiku

Madre querida:

corazón con corazón,

nunca muere…

A ti que siempre estarás en mi corazón en

mí recuerdo y en mi vida, mí querida

 madre son esos recuerdos imborrables,

son las huellas del amor que tan sólo

una madre es capaz de dejar en nuestra

alma y en el corazón.

De  todos los días de nuestra vida de

las horas de los minutos de los segundos hay  

un hueco, dentro de nuestro interior, que jamás

lo llenará nadie, estará vacío para siempre ya que

  ningún ser humano jamás nos  podrá amar así.

Te quiero madre…

Muchas felicidades a todos los padres, los José y las Josefas.

Porqué así soy yo porqué no hay ningún d

Carmiña Carmela…

La noche nos marcó el camino

luna

Ese día acabé cansada y con un final agridulce, todos mis pensamientos se dirigían a ti y se perdían en la noche…

Si intento dormir, cada pensamiento se queda a medias en mi cabeza y por más que intento hilar mis propias historias, se pierden sin remisión. Me gustaría por un instante saber dónde estoy, si cobijada en tus brazos o tal vez perdida en medio del campo, mientras corro sin destino sobre mi bicicleta, o quizás tras mi unicornio alado, o tal vez en mis sueños incongruentes.

¿Dormía? O tan solo transitaba entre esa línea abstracta de la realidad y los sueños; sentía cómo el viento dejaba tus besos en mi mejilla. Y, como por un instante perdí el control de la bicicleta, huía, huía sin parar…

Siempre huyo de todo lo que no seas tú, tus recuerdos… Nuestra historia de amor- odio compartida… Van tan unidos los sentimientos, que cuesta diferenciarlos, aunque si te odio es que te amo mucho más de lo que permiten las leyes del amor; y si te odio, te recuerdo dulce cual caramelo interminable de pasión, ternura…

La noche, nuestra noche, a veces pienso que solo es mía, que el cielo es un libro de hojas celestes donde escribir un amor que nunca sabré si fue nuestro. Pero la noche, la luna y tu rostro enamorado me pertenecen, ahí viven mis sueños, la dulzura de saborear tus labios como si fuera un caramelo de fresa, a veces agrio como el zumo de un limón, a veces solo tú, y a veces noto que yo también existo en algún lugar.

Estoy eufórica y tanto soñar o vivir despierta, ha agotado mi noche y he despertado recostada en tu árbol. La bocina de un camión hizo que se sobresaltase mi corazón, que mi unicornio alado huyera, pero no irá lejos. Nos quedan muchas noches que dibujar en el cielo…

La luz del día se va filtrando por mis ojos mientras me los restriego con desgana; y una atrevida mariposa azul se ha posado en mi nariz produciéndome un pequeño cosquilleo. Ya sé que debo volver a casa en mi bicicleta, asearme, vestirme y empezar otro día; aunque tan solo desee la noche con su manto mágico.

No sé si es amor o desamor, no sé si soñar me acerca a ti mientras me susurras varios te quiero; tan solo sé que vivo encerrada en esta habitación blanca, sin puertas ni ventanas…

Aunque sé que existes y que mi única locura fue y es amarte…

No te preocupes, amor, que yo también te soñé esta noche, y esa bicicleta de tu sueño era compartida por los dos durante la noche; en un viaje infinito que nos conducía paso a paso hacia un destino no definido, pero que lo veía grato para los dos.

Mas, la luz del día rompió de pronto el sueño y hube de deshacerme de todo y regresar a la realidad. Tú desapareciste de mi lado, la bicicleta sobre la que avanzábamos por la campiña se esfumó, y me quedó el recuerdo de un viaje veloz a través del tiempo.

Pero lo que me desconcertó por completo, fue que al salir a la calle para comenzar mi jornada laboral, allí estabas tú subida en tu bicicleta, esperando nuestro encuentro para emprender un imprevisto viaje allende aquel infinito destino que la noche nos había marcado y que ahora, con la luz del día como guía, queríamos emprender y descubrir por nosotros mismos…

© Mª Luisa Blanco y J. Javier Terán

Navidad hasta reyes

 

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En Navidad:
Soy una alegre payasa, es mi trabajo, pero lo he traspasado a mí vida privada, al día a día, soy una payasa sin duda, me río de todo, intento llevar la felicidad a la gente, lo mismo estoy en residencia de ancianos que en cumpleaños etc, siempre rodeada de gente que me necesita, me da igual la edad y su condición social. Siempre me río de mí misma, delante de los demás, nunca estoy triste y siempre tengo una gran sonrisa en mí cara y así de esta manera, alegro la vida de todos, los que tengo a mí alrededor. Soy cariñosa, divertida y dicharachera, los niños me adoran. Donde más feliz me encuentro en mi trabajo es en el hospital, en la planta de niños con cáncer, de animadora payasa, todos los días les llevo una gran ilusión con juegos y les hago ver el lado bueno de la vida.
Pero nadie me conoce de verdad, nadie sabe que de día río y de noche lloro desconsolada, cuando nadie me ve y me quito la careta y mi traje de payasa, entonces es cuando soy yo realmente, alguien que también necesita amor y que de vez en cuando le hagan feliz esa es la verdadera niña, que un día creyó en el amor pero que lo perdió para siempre.
Ahora por estas fechas todavía es más importante mi trabajo, cambio mi disfraz de payasa por otro de papá Noel, lleno un saco de juguetes y camino alegre sé positiva mente que hoy haré feliz a muchos niños ya que es noche buena . Al llegar a la planta cuarta hoy hay un gran silencio y mí cuerpo se estremece, algo ocurre salgo corriendo casi sin respirar y entro a ver que ocurre, todos los niños me miran muy tristes les pregunto ¿que ocurre? Hoy es un día especial, es noche buena y tenéis que sonreír . ¿Marta que ocurre cielo por qué lloras? Es Leire está muy enferma y nos ha dicho la doctora que quizás hoy en noche buena, marche al cielo y le acompañará el niño Jesús.
Sin pensarlo dos veces me acerqué a cuidados intensivos ¡pero no me dejaron pasar! estuve allí esperando horas olvidando a los demás Leire era una niña especial para mí, con un don que nadie sabe, es un verdadero ángel, es injusto que el cáncer mate aun niño pero en esta ocasión lo es mucho más. Leire lleva luchando mucho tiempo contra su enfermedad, hasta incluso le hicieron un trasplante de médula, pero por visto de nada ha servido, ella dice que dios la necesita a su lado.
Yo me pregunto como una niña de nueve años puede hablar así, como puede tener esa convicción como puede aceptar esta cruel enfermedad, con esa alegría y con esa sonrisa en los labios que si es verdad que existen los ángeles, sin duda ella lo es… A las once de la noche la llevaron a su habitación y yo pedí que por favor me dejaran pasar. Entre y me senté a su lado y le dije papá Noel te trae un regalo, sé que te gustará, es el niño Jesús en su cunita que acaba de nacer. Ella me miró con una linda sonrisa en los labios y me dio las gracias diciéndome sé quien eres muchas gracias mi payasa, por hacerme feliz durante tanto tiempo, ahora te voy a pedir un favor nunca abandones este bello trabajo tuyo, eres la ilusión de todos. Le di un beso en la frente y cerró sus ojos para no volverlos abrir jamás. De repente un aleteo y una brisa sentí que deambulaba por la habitación, algo que no podría detallar con palabras era como un coro de ángeles que pasaron revoloteando junto a Leire.
No soy creyente pero os puedo asegurar que en esa noche buena, algo grandioso ocurrió que me hizo cambiar en muchos aspectos de mi vida.
Carmiña Carmela

 

Marionetas

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Dos palos unidos con cuerdas, unos trapos viejos descoloridos por el paso del tiempo, arrinconados en el desván, hacía mucho tiempo que no veían sonreír a esos niños del retiro, donde cada domingo los llevaban para con sus movimientos y la voz de Jesús bailaban a su son.
Marionetas, cuantos recuerdos tenían entre bastidores, quizás tantos que sus articulaciones quedaron rotas de tantas penas. Días de sol cantaban su vida entre bajones sucios y gente pobre donde Jesús que era muy jovial los sacaba y los decía: venga chicos os toca ganaros un vestido nuevo, ellas movían sus brazos y piernas al son del cantar, la gente se reía. Bien, se decían en silencio, los hicimos olvidar sus pesares por unos instantes. Días de frío en el café de Levante donde tantos poetas, también nuevos artistas que por un caldo caliente o simplemente por estar resguardados, dedicaban a los allí presentes su actuación así las horas de soledad pasaban antes.
Marionetas que vivían alegres y en libertad al igual que su gran amigo Jesús, eran tal para cual, almas que soñaban con un mundo de ensueño, vivir y dejar vivir, mientras tanto, acompañaban a su amigo en días de lágrimas amargas que les mojaban sus trajes donde siempre les quedaba un reguero como si fuera una herida más de la batalla el vivir cada día. Cuando se quedaban solas, metidas en su maleta de cuadros con hebillas de un dorado viejo, hablaban entre ellas, susurrando de las desdichas de padecía su amigo, la vida bohemia estaba bien, porque era vivir en libertad, sin ataduras pero no era forma de vivir cuando apenas ganaba unas monedas echadas a su maleta después de su actuación, noches frías de dormir en portales sin cenar ni una manta para refugiarse de la humedad que le calaba hasta los huesos.
Fieles marionetas que un día oísteis lloros y susurros que venían desde el exterior, os preguntabais que pasara, después de un tiempo, echabais de menos a vuestro amigo, de no ir al retiro para hacer sonreír a los peques ni ir al café de Levante a saludar a los poetas. Un día se puso la maleta en movimiento y os dijisteis: bien volvió Jesús ahora empezaremos la actuación, pero, tan sólo os llevaron al desván y os sacaron de la maleta porque ella sería la casa para otro, ya no tendríais casa ni amigo al que decirle: paciencia amigo ya vendrán tiempos mejores, tan sólo os quedaban vuestros recuerdos aunque malos era vuestra vida con los trayectos dictados por Jesús, les parecía ir desde lo alto, os deje solos sin despedirme, no me dejaron, os deseo que alguno os vea y os saque a vivir la vida, una mejor que la que os di yo.
Marionetas que vuestros movimientos eran dirigidos por el amor de Jesús os queda el reconocimiento que muchas personas son marionetas pero no son libres se deben a un manipulador que es la envidia o el egoísmo de hacer daño a los demás.

©Manoli Martin Ruiz

PASION CANDESCENTE

 

 

 

Noches de verano, cuando los cuerpos, están tendidos en sus lechos, dando vueltas, para poder descansar unas horas antes de volver al calvario del sol justiciero, quisiera quemarnos, por cuando nos alegrábamos a causa del que el rostro se nos helara, en invierno tantas noches de fuego abrasador cuando nuestros cuerpos se encendían de pasión quien sabe si era por el frío invierno o quizás porque éramos dos amantes insaciables. Desearte y desearme era en uno, no había espacio que no conociéramos, rincones escondidos dentro de nuestros cuerpos, sabíamos satisfacernos mutuamente, mis manos entrelazadas por encima de tu cuello, te atraía  junto a mi boca, donde te esperaba una jugosa fruta de la pasión, cual tu nunca rechazabas, tus manos avanzaban por debajo de mis caderas, atrayéndome con mirada de ángel, sabiendo que me quemaría contigo ,benditas noches de invierno que nos invitaba a dar rienda suelta a jugar desnudos delante de la chimenea, pareciese tener envidia de nosotros porque solo nos encendíamos, ella no nos hacía falta.

Poco a poco la chimenea se fue apagando al contrario que nosotros cada día, era nuevo, con más pasión, tan solo con una mirada comprendíamos que nos necesitábamos otra vez. Tardes de primavera, al resguardo de gran sauce, nos tendíamos, nos mirábamos, charlábamos del futuro inmediato, sabíamos que mientras nuestras brasas no se apagaran seguiríamos amándonos como adolescentes. Aguas del río que corrían frescas y claras con el alba, allí nos bañábamos, besándonos, nunca escondíamos nuestro amor, nuestra pasión afloraba como cuando florece un rosal con el roció de abril.

Los elementos de esta tierra están aliados con nosotros, entra una suave brisa en esta noche calurosa por nuestra ventana, olor a madre selva y jazmines se juntan a nuestro alrededor, pétalos de rosas entran revoloteando en nuestro lecho se posan, nos invitan a amarnos hasta el amanecer para después dormirnos placenteros sabiéndonos que en cualquier estación del año, nos amamos con pasión desde el primer día hasta nuestro final.

©Manoli Martin Ruiz

Mi Pueblo

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Los pueblos o ciudades según donde se nace son para el corazón diamantes enormes de invaluable valor, mi pueblo luce en sus alrededores nostalgias colgadas de estrellas que ha recogido con el tiempo, besos y despedidas, fiestas s toda hora religiosas mundanas, su zócalo centenario ha sido modificado pero retiene en su tierra el antaño y sus entrañables aromas a café tostado, mi parroquia de mas de quinientos años sacudida por sismos tiene cicatrices en su cúpula daños que no la derriban se mantiene erguida, fuerte y altiva, sus campanas y sonidos hacen que siempre aflore el cariño, el campanero toca según la ocasión y no sentir es el mismo. Lugar de nacimiento hasta el día de hoy, amores en mi puerta besé y en la misma abandoné, calles de tanto andar y aún no detengo mis pasos, aquí nace y muere mi sangre soy de esta tierra de árboles frutales donde antiguamente era un paraíso los mameyes, cafetales, plátanos, ciruelos, guayabos y muchos mas adornaban los patios de las casas de teja y adobe tecorrales de piedra, y trancas de madera, así fue y es mi tierra como novia siempre bien vestidita con olor a campo, a provincia esperando del amado su canción favorita.

© Silvia García Sandoval

La Flor

flor

Yo te recuerdo dejando alguna flor en mi mesa, tus miradas de agua clara nerviosa, tus manos temblorosas que al tocar las mías se calmaban, como me gustaba verte sonrojado al saberte enamorado tus prisas por verme tu voz templada, varonil y bien amada encantos del ayer por siempre eternos, ratos robados de emociones pasajeras pero por lo mismo intensas, hombre de dos fuegos Quien desprenderá la hoja marcada con parte de nuestra historia?
Que tú mi gran recuerdo
Me hiciste escribir aquella tarde de mayo..

© Silvia García Sandoval