De volar sueños

De volar sueños ya vuelvo

pues mis pies de tierra son,

ya no busco una canción

y nada en mi voz resuelvo.

Batallando en imposibles

abandono mi armadura:

nunca perdí la cordura

en mis huellas más legibles.

No lamento la derrota,

sí me asusta la tristeza

de no saber con certeza

por qué el silencio me agota.

Tengo los bolsillos llenos

de titánicas paciencias

que guardaron mil ausencias

en mis versos más serenos.

Y en las palabras me quemo

y deseo esta ignorancia

que me deja en la distancia,

ausente de cuanto temo.

De volar sueños ya vuelvo

y en mi camino cansado

-sin parar en lo sembrado-

de mis errores me absuelvo.

© Mª Yolanda Gracia López

Érase una vez …

Érase una vez que se era,

o tal vez no era y fue,

o quizá no ha sido y será

-porque todo puede ser-

que aquello que pensé,

o creí que llegaría a pensar,

pensándolo estoy todavía,

sin temer cuánto pensaré

porque sin saber

si alguna vez supe,

nunca he sabido

lo que sin duda sabré.

Mas no espero por esperar,

puesto que esperando ya no estoy;

y no esperaré ya más

todo lo que sin cuenta esperé.

Hasta aquí llegué

-o llegaré mañana-

o incluso estoy por llegar;

y puede que aún llegando esté.

Aquello que quería decir

-y no dije-

he dicho,

aunque aquí no diré

lo que esperáis que diga

porque, si ahora todo dijera,

nada, al fin, quedaría por decir.

© Mª Yolanda Gracia López

Qué Será

Qué será de cuanto guarda este mar
que en las noches más sordas en riadas
dejo para quien lo quiera tomar.
Dónde irá sí, en horas enajenadas
que arrastran las olas que envuelve el viento,
abandono mis sábanas tintadas.
Cuándo caerá mudo el pensamiento
para yacer en un lecho abisal
que diluya su ritmo en un lamento.
Por qué dormidas las manos en sal
olvidarán que pintaban caricias
cuando, al fin, un naufragio colosal
descubra que todas fueron ficticias.

© Mª Yolanda Gracia López

EL SUEÑO

 

Sobre el alba más incierta se cayó la luna rota,
estallando en mil pedazos desde el negro más profundo:
anda un alma recogiendo lo vivido de esos restos,
mientras teje en su memoria de retales una historia.

Un reloj que come tiempo va destruyendo las huellas;
los ojos escondidos de esta madrugada reniegan.

No habrá un sueño que guardar porque la luz lo destruyó.

Anda un alma perdida en un mar de sombras que, emergiendo
desde un caótico recuerdo, en fuga se desvanecen.

© Mª Yolanda Gracia López

Crujir de horas

Como una gota incesante que horada

la piedra inerte que guarda la historia,

en este lado del mundo mermada

me descubro mientras gira la noria.

Inmersa en esta espiral y abocada

al vaivén de esta comedia irrisoria,

siglos de agua en mi espalda, que tú ignoras,

adivinan ya el crujir de estas horas.

© Mª Yolanda Gracia López

Al Filo De Un Instante

Al filo de un instante tiritando en la certeza
me despojo de todo verso inútil, agotado
y de un siglo de voces que me han lastrado la boca.
Me sangran de las manos líneas negras infinitas
que un viento ciego de ignorancia en la nada siembra.

Cercenadas las figuras que otrora consagré
como almas espectrales abandonan mis retinas.
Las yertas palabras que mis oídos habitaron
huyen al compás de un son en acordes congelado;
boquea, náufraga, la razón en la turbia orilla.

A mis pies, inerte yace un reloj que devoró
todos los segundos que conformaron tu espejismo.
Liberada ya de atávicos ropajes que hieden
me busco el centro en un verbo claro que no encarcele
la verdad de este grito en un agónico silencio.

Desnudos mis impulsos de todo adjetivo estéril
-frivolidades que han errado pintándote el alma-
me guardo un aliento sereno que me cubra el rostro.
Renuncio a esta odisea que te mece entre unas letras
de trazos fantasmales sin un dios que los aliente.

© Mª Yolanda Gracia López

AL DÍA

Como el plomo de tu estampa

(ebria testarudez siempre desmedida)

camino destruyendo absorta

los segundos de tu existencia.

 

Vidas que te viven

en el vaivén de tu exigüidad;

en absoluta brevedad,

sobre mí vienen y van.

 

© Mª Yolanda Gracia López