Y ellos se perdieron…

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Y ellos se perdieron,

se perdieron de la magia que un día los encontró, de largas caminatas tomados de la mano hablando mil tonterías.

Se perdieron de volver a mirarse a los ojos y dejar que una mirada todo lo dijera, todo aquello que los labios y la distancia jamás dirían

Se perdieron de amaneceres uno al lado del otro, de sentir esa tibieza de un cuerpo junto al otro.

Se perdieron de cientos de recuerdos que pudieron haber compartido, quizá de historias que pudieron haber escrito juntos.

Ciertamente les faltó vivirse,

les faltó sentirse,

les faltó creer que aquello que sentían podía ser inquebrantable,

podía haberles dado el valor que ambos necesitaban para hacer de un sutil encuentro el más hermoso de todos los cuentos.

Y ni las caminatas,

ni las miradas,

ni las historias por escribir,

ni los recuerdos por compartir,

superaran la desdicha

de haberse perdido

el uno del otro.

© FlorProfusa

Podría abrir los ojos…

Podría abrir los ojos… pero no quiero.

Porque cuando los cierro siento tus manos rodeando mi cintura,

percibo tu voz susurrándome al oído,

siento tu aliento confundiéndose con el mío.

Podría abrir los ojos… pero no quiero.

Porque al cerrarlos tu imagen evoco,

mi piel  reconoce la tuya

y así lentamente me pierdo locamente en ella.

Podría abrir los ojos…pero no quiero.

ahí encuentro tu mirada,

ahí encuentro tu sonrisa,

ahí encuentro tus palabras,

ahí reside la más absurda de las sensaciones,

la más perturbadora de las emociones,

al tenerte a mi lado sin habernos conocido.

 

© FlorProfusa

 

 

 

 

Intensidad

¿Sabes de ella? ¿La has sentido?
¿La has probado?
En tu piel, si, en tu piel,
con los sentidos del alma.

Como se siente el calor o el frío,
como palpas lo abstracto y lo vago,
lo impreciso y lo divino…

Se cuela por el borde del vestido,
no percibes fácilmente su destino,
que trabaja tímido y lento,
hasta dejarte sin sentido.

Podría y no estar presente,
algunas veces es tan ausente,
cuando ríes, cuando cantas, cuando duermes,
sin necesidad de estar demente.

Ahora ven y calla, te diré el secreto:
aun sabiendo que no es ningún decreto,
podríamos darle paso a la locura,
y perdernos en una noche oscura,
invitar a la pasión y olvidar toda razón…

Mas cuando ames,
si, has oído bien,
cuando ames, hazlo con ella,
y sólo con ella,
con intensidad…

© FlorProfusa

Noche estrellada en el Ródano (segunda parte)

Florence protagoniza un tórrido romance que se teje bajo una noche estrellada en el Ródano…han pasado algunos meses desde su ultimo encuentro con Robert, un extranjero que cautivó su corazón, ahora enfrentará las consecuencias de tan furtivo amor…

Regia, suntuosa y orgullosa, Florence recibía la ovación de lo que sería su última presentación. El público con efervescencia aplaudía, de todos lo números éste con esencia se sentía. ¡Qué tristeza! Ella sólo percibió un lugar vacío donde con sutileza, él, admiró su belleza.

Un viento estremecedor la abrazó por sorpresa. Esa noche estrellada la llenaba de recuerdos que todavía la hacían presa. Atrajo el bolso a su pecho, lo sostuvo con fuerza, evocando la imagen de aquella noche en el lecho. Caminaba muy lento, como perdiendo el aliento, no me miren, les decía, pues la gente ignoraba cuánto le dolía…

¿De qué se trataba? ¡Vil juego del destino! La noche se alargaba, su cuerpo cambiaba, sus brazos temblaban y no reparaba que en su vientre llevaba fruto de un amor prohibido. Una madeja de promesas sellaron la historia de lo que esta pareja pudo haber querido. Florence ganaba, Florence perdía, un vaivén de emociones que sin pizca de indulgencia ahora ya la perseguían

Acariciaba su ausencia, besaba su esencia y así cada vivencia cobraba decencia. Interpretaba el silencio como si en ése descenso Robert la llenara de placer tan intenso, mas sólo sabía que con tremenda osadía invadió su alma y la llenó de agonía.

Viajemos con Robert, dejemos a Florence, veremos qué piensa, qué hay de su ausencia. Aquí no hay estrellas, solo quimeras y no nos sorprende que ya no es aquella. Tampoco es morena ni viste de rojo ahora es rubia y lo llena de antojo. La acerca a sus labios, la sostiene en sus brazos y cerrando los ojos desliza sus manos. Recorre su cuerpo cual bestia sedienta anhela el olvido de una vivencia. Ahora la rubia cual bella sirena lo envuelve y sofoca con tremenda insolencia.

© FlorProfusa

“Noche estrellada en el Ródano”

Florence protagoniza un tórrido romance que se teje bajo una noche estrellada en el Ródano, rio caudaloso que corre entre Francia y Suecia. La historia data alrededor del siglo XVIII donde pintores como Vincet Van Gogh, Vladimir Volegov, Vitorino D´angelico Robert Maguire, Adrew Atroshenka y Mark Spain enriquecen la historia con sus retratos. A continuación la Primera parte:

Era una noche estrellada sobre el Ródano, una de esas noches que invitan al amor…

Con atuendo holgado, los pensamientos de Florence se debatían con brío en su interior…

La tarde anterior recibió cierta invitación, misma que la dejó perpleja, sumida en tremenda irritación, que en otro tiempo seria una dulce satisfacción…

Se inclinó de golpe, quizá así los pensamientos cobraran cordura. Robert no había dado señales de vida en largo tiempo. Aquella inexplicable ausencia la estremecía y el alma se le debatía, pues al leer aquella nota el corazón susurraría: ¡basta ya! ¿quien no merece una segunda oportunidad?

De rojo se vistió, ni un momento lo dudó. El rojo le apetecía, describía de manera perfecta el arrebato de sus emociones y el regreso de las ilusiones…

Optó por un oscuro color, seria discreta para no dar paso al furor. No era buena idea aparecer así de pronto y llamar tanto la atención. Retoco los labios y a la cita se abalanzó con desmedida excitación…

Pasaron lentos los minutos, pero Florence aun así agradecía la complicidad de aquellos largos guantes, sabia que sin ellos el temblor y cierta humedad la delatarían pues tal furtivo encuentro la desmoronaría…

El rostro se le ilumino y una sonrisa se dibujó, cuando al fin una nota se le presentó: “Por qué razón una mujer maravillosa como tú, hablaría con un hombre como yo?” Florence volteó y con la mirada respondió: “No eres cualquier hombre, eres el hombre que yo espero…” Pero sus labios solo se abrieron para decir: “¿Y por qué no? ¿Existe alguna razón para que el Ródano se prive de tan fascinante colisión?