Oscuridad

Espero que apagues la luz para encender mis ojos.

¡Qué tristeza tan inesperada!

Soy mil pedacitos de melancolía que no podrás amar nunca más.

Soy un río incontenible que moja la almohada y el alma llena de grietas pide a gritos fundirse con la oscuridad.

No quiero tus abrazos, esta noche no.

Soy solo un trozo gélido de carne, he muerto esta noche

Babahoyo, Ecuador 14 abril, 2015

©Fernanda Lupera

Tristeza

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Aquí estoy con esta tristeza que ya no puedo contener,  se me va a tragar los ojos.

No me entra en el pecho, tengo las melancolías bastas para esta vida y las que vienen.

Ya no quiero que me absorba, ahora si estoy delgada de sentimientos, ojerosa de una inexplicable sensación de vacío.

Estoy triste de oscuridades y claridades.

Ni la música, ni la poesía, ni el alcohol.

Nada ni nadie, ya no pueden, ya no puedo.

Algo me rasga las entrañas, me duele porque ya no sé estar aquí.

Ya no me place, por más que digo si.

© Fernanda Lupera

Otro Domingo

Son las 11, me siento junto a la ventana, el sol va a incendiar las calles no cabe duda, es abril, vamos por la mitad del mes, vuelvo a extrañarte y no sé exactamente el por qué.

¡Zonzo! Y me tumbaba en la cama cansada de batallar contra esa forma absurda de “razonar” que tú tenías.

¡Te amo! Y la piel me vibraba, se me estremecía el alma, sinceramente iba a explotar de amor por ti.

¡Te extraño! Creía que me iba a morir sin ti y es que realmente sentía una opresión en el pecho cuando no estabas junto a mi.

¡Adiós! Y el mundo dejó de girar en ese instante, no te miento. Me arrancaste de golpe la respiración, cuando tus ojitos que tanto amé te los llevaste de aquí.

¡Te olvidaré! Y a estas horas del día me llena de tristeza este café frío que me instaló tu recuerdo aquí.

¡Yo te amé! La historia termina así.

© Fernanda Lupera

Amé Dos Veces

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Amé dos veces, puedo una más y otra quizás…

Me tropecé en el desorden de sábado con tu porta-retrato y me llené de ternura.

Todo el día mi memoria te besó, niñito frágil de cabellos claros y ojitos que sonreían por las mañanas, boquita dulce, amor de mis amores, aquí te tengo para siempre entre mis poemas, en mis cajones.

Y tú mi otro amor, el domingo que te vi, desde las vísceras, desde el alma que alguna vez tocaste, me nació un incontenible deseo de abrazarte… y ahí estás, te tengo cerca, hueles a hombre suave, el cristal de tus lentes esconde tu mirada, me sonríes.

Y es que tu boca me place, me confunde, y tu voz todavía me encanta.

¿Me verías como aquella niña nerviosa de hace cuatro años?

Siempre te guardé en el corazón, pero eso no me hace desleal, a él también lo amé con pasión, por los dos quise arrancarme la piel, volverme mariposa o yo que sé.

Mi fortuna radica en que él y tú jamás van a buscarse entre mis líneas, pero allá,  atrás en cada tiempo estoy con ustedes eternamente, amándolos con devoción.

© Fernanda Lupera

Noche de Martes, un Martes Cualquiera

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Odio este estar sin estar, sonar siempre como un poema triste y veo mi vida pasar, seguir de largo, me ve con desprecio.

Yo me quedé anclada en mi pasado y tú, no sé si corres, si caminas, si te detuviste.

Solo sé que no estás aquí, esta noche de martes que voy a morir de calor, que me quejo por todo y de todo, que ni yo misma me soporto.

Quise tinturarme  las penas de rojo, pero las tengo negras y tan penetradas que ni a lagrimas, ni a fuerza de ser lo que me toca ser, puedo quitármelas.

No hay truco que rompa tu silencio, no hay milagro que me de tu presencia.

No hay quién pueda quitarme esta tristeza.

© Fernanda Lupera

Tanto y nada

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Yo ya fui tanto y nada.

Fui mariposa, ave y jaula;

risas, suavidad y cantos;

tristezas, los bordes de la muerte…

Renacer.

Olvido.

Tanto y nada.

Fui tanto, antes, durante y después pero nada para ti.

© Fernanda Lupera

Bajo la piel

Bajo la piel las ganas rotas.

La tristeza enfriándolo todo.

Esta sensación vibrante de un amor que no dio para más.

Este vacío incalculable de mis noches amando tus ojos, de besos vertidos en el  viento, de caricias perdidas entre tanta oscuridad.

La soledad bajo la piel y la añoranza de ti esparciéndose en el alma.

A tientas  con la esperanza anclada bajo la piel, te espero, creyendo que un día volverás, te espero y no sé para qué.

Un adiós cobarde.

Minutos, horas y días sin ti decayendo en esta espera inútil porque ahora te crees en libertad y sin un día fui jaula, asfixia y desesperación, te pido  perdón.
Ahora puedes volar y elevarte tan alto, que si te espero, no sé para qué, ni hasta cuando.

© Fernanda Lupera