Inevitablemente, aunque el mundo diga lo contrario y puede que no estén errados en decir que no es lo que me conviene, que no es lo que merezco quizás y hasta mi razón este de acuerdo en ocasiones de tal planteamiento.
Pero que hago si ese sitio que no es el «adecuado» para mí es en el que encuentro tranquilidad, ese lugar que tiene nombre propio, tus brazos es donde el miedo que a veces me acecha huye, es donde todas las voces de mi cabeza que casi nunca se callan, tienen respeto y en el preciso momento que en tus brazos me encuentro hacen silencio, ese olor a ti que juro distingo a mil, un día largo y tedioso de trabajo se desvanece ahí.
Eres ese mal necesario que necesito en mi vida, eres el pecado más dulce que no me canso de cometer, sentir el calor de tu cuerpo cuando me cubres con tus alas o ¿debo decir púas?, o brazos que al final es lo mismo.
Igual es mi refugio, son lo que llamo mi lugar seguro.

PD. Elige siempre lo que te genere tranquilidad, felicidad a ti aunque sean efímeras, no sabes cuánto tiempo estarás para vivirla.

© Y.P.C.G