Estoy agotada, por mis venas
ya no corre sangre, la vida se
vuelve agua, la vida se desvanece
tan solo un suspiro al viento
la rejuvenece.

Estoy cansada de sembrar
tanto y no ver mis frutos,
¿Es que acaso solo se
aprovechan de mi ocaso?

Daré una vuelta al tiempo y
sabré el sentido de esta angustia
que me atora y no puedo respirar.

No puedo deshojar las flores,
pues se han marchitado de tanto
esperar y amar.

Derrite este hielo que hay entre
las almas que han sido envenenadas
para no estar liadas en esta travesía
donde se juega la vida mía.

© Verónica Hernández Bertín