18.- Viendo Su Primavera Pasar

El púber de los ojos de búho y pelo rizado va observando su alma inmóvil y las sombras en círculo a ritmo pausado, reflejados en el techo
que llegan y marchan de la noche al día. Y él sigue tumbado sobre la cama, mientras su primavera pasa.

La niña despeinada, con guantes verdes, le grita: «Sal de esta madriguera, lo que necesitas es disfrutar a tu manera, del campo y las flores, de todos los seres que vivimos en la pradera. «

La muchacha del brazo tatuado susurrando le dice: «Debes volver a volar por el prado así tomarás confianza de ti y de tus alas. «

La joven del sombrero de paja rojo, le comenta: «Hazle caso a tu corazón, ahora tus ojos te delatan -Ven cuando a ti te dé la gana. «

Aparece la adolescente con cáncer se mueve de forma lenta con el suero inyectado al brazo y se sienta a su lado Le mira a los ojos y llorando le dice: «Tú no eres el mismo con el que jugaba y saltaba hace unos años ¡Vamos vuela, sal a la calle a vivir por ti y por mí!”

La joven madura de tabique desviado le mira y dice: » No te asuste amar, sólo te han de asustar las dependencias».

La mujer de rostro arrugado le coge del brazo, y le lleva a la ventana, le susurra algo al oído. Luego, en voz alta le dice: «Mira el jardín huele las flores, toma un libro huele, sus hojas, palpa su capa de cartón duro y nota como las ideas se aclaran».
La niña despeinada, la muchacha del brazo tatuado, la joven del sombrero de paja , la adolescente con cáncer, la joven del tabique desviado, la mujer del rostro arrugado, la joven de la dulce voz, todas, le miran desde el espejo y al ver su cara pajiza y su reflejo mira atento como le dicen entre el eco de la habitación:

“Tranquilo, no te estás volviendo loco, sólo es que llevas mucho tiempo sin salir, y sin poder dormir. Duerme, duerme » Así, en un coro de voces de mujer se queda un momento escuchándoles las ve alejarse.

Pero él sigue displicente, sin hacer caso a esas sombras a esa gente. Se imagina un ser de la noche ululando hasta que se queda dormido, no sabe si ese sonido solo fue un gemido, o un raro sueño a su soledad unido.

El púber de los ojos de búho y pelo rizado sigue escuchando el clamor de las sombras viendo pasar su primavera.

© Araceli García Martín

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