12.- La Noche Del Tiempo

 

Y estaba en el camino por donde tú pasabas
lleno de luz el aire entre tus pasos,
tal vez no me veías
pero yo me elevaba contigo en ese instante.
Sólo vivía para volver a verte
pero ya no volviste,
se alimentaron de luz todas mis ansias.

No quise morir nunca, recordando el momento
en que sin verme, miraste las siempre verdes hojas,
mis brazos amorosos,
mis profundas raíces,
mis nudos, mis retoños, el color de mi sangre
verde, blanca, amarilla:
madera de la vida
para darte
toda la luz del bosque.

Álamo, acacia, pino, encina, enebro, sauce…
Y la luz, la luz siempre, y la niebla y el alma
y el deseo perenne en lo salvaje.
¡Ay! Si pasaras luego
cubriría tus hombros con todos mis pañuelos
rebozos de la noche para todo lo frágil.
Avísame si vuelves o sorpréndeme el día
aunque sea la tarde.

Y dime, dime, acaso, dónde guardas los sueños
para hacerte con ellos
un collar de esmeraldas con cadena de musgos
que armonice tu Arte.

Vuelve, vuelve, Amor mío,
todo el camino es tuyo
en esta primavera
que es la noche del tiempo.
Entre mis brazos largos guardo todas las luces
que ya sí, quiero darte.
Tal vez regreses luego, cuando sean estrellas
las horas de los besos.
Los colores del barro
nos despiertan el fuego
de los sueños más altos,
esos que me contabas a la luz de la luna
y parecían hechos
con nuestras soledades.

© Julie Sopetrán

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