¿Qué estás pensando, me pregunta, esta hoja en blanco?
Pues… te cuento, ya mismo.
Hoy es sábado, creo lo sabrás.
Ahí vámosle, decirte… qué el calor se ha subido de tono, pero no tanto cómo decían. De todas maneras, lo hace, y por aquí, no es nada normal haga así el tiempo, ya qué, la frescura de la que siempre se calza, la ha dejado olvidada en algún baúl destartalado… y se ha unido al nuevo tiempo que todo el mundo está gozando, claro está, si fuere época, de lo más normal, y no pasaría nada de nada… Pero, no lo es…

Ni otoño viene así de desperdigado… parece qué se ha desecho de sus cebollas, y las ha plantado de nuevo, pero para que crezcan de otra forma, sin dar tiempo a qué se hagan deprisa.

Con lo cual, te dejo solo para que al final, si te da, te aburras y marches…
Aunque sé, qué hoy empiezas a sortear tus alhajas del verano, sin ser tiempo de ello.
Entonces, disfruta de lo qué no te hemos concedido en tus horas libres, y déjanos vivir tranquilos, y santas pascuas… Amén.
Así que, con la Paz, del momento, qué aún no hay en este endiablado mundo… me voy, a dar una garbeo por ahí… entre las líneas de mis pensamientos, para ver, si sale algo qué esté bien…

Además, tengo Concurso de Primavera de tu año, el mediano 2022, aún es nuevo y no sabe qué tú, cómo tiempo de despiste, no has acabado… y todavía tienes mucho qué dar, pero… más bien… la tabarra, por eso, no pienses te voy a dejar tranquilo… qué al mismo lado, está el libro poeta, qué necesita le llenen de versos y amores… sensibles y la ternura hade albergar momentos cálidos y sensatos, a la vez que sean, tan reales como la vida qué los viste…
Solo me alcanzo a otra esfera del tiempo y lugar, de este espacio blanquecino, pero no… inmaculado, porqué… las letras ya te invaden más de la cuenta, y eso… qué entre el pensar y el teclado, más las manos y sus dúctiles soportes, tienen más que suficiente para ir atinando pensamientos y alguna que otra reflexión irá saliendo en esta tarde…

Por cierto… ¡Buenas tardes, te doy! Se me había pasado… fíjate qué cosas, verdad?

Oro es el líquido que acabo de tomar, nubes a su alrededor tiene, y no está en el medio ambiente, del tiempo, nada menos, y está la mar de bueno, su contacto con mi garganta, qué se ruborizado… tan solo de pensar en «cuatro personas… la mar, de sencillas… pero, hay dos qué están que se caen, de la risa, si digo algo más»… y otros dos, que ni se enterarían… qué pobrecines, ellos… pero, salados… lo suficiente, para enterarse, más tarde, a la par qué, se te quedan mirando… y luego, te miran de reojo… nada menos… y nada más…

¡*¡El Sol que Nace, Miel de Brezo y Regaliz, y La Luz que brilla, Mandarina y Frambuesa!*!, son mis ^mochuelillos, danzarines acróbatas^.
Cada uno con su técnica particular, endulzaron los días de tanto meses, qué han ido llenando todos los rincones qué estaban fuera de su matiz más recóndito, y salvaron los escondites qué estaban por asomarse a una irrealidad, que andaba postergada en el tiempo… dejando de ser, invisibles para volverlos a despertar, y que se volvieran reales los vínculos de un mundo que estaba ya, acabado y finalizado… a punto de salirse de la tangente y caer a un vacío sin buscar una vuelta al mundo del espacio, e irse a un limbo discontinuo y sin salida…

Ahora, es ya… el transcurso o trámite siguiente, para poder vivir una nueva Era, y saber dónde está lo natural y lo qué no es, nada en sí… La vida vuelve a ser… algo que vive y razona mejor qué, la sutileza y la frialdad, se ha convertido en un montón de sensaciones, para ver que la existencia tiene otro sentido más natural y no solo es práctica la vida, sino, qué es algo más… ver los espacios y los renglones llenos de momentos para poder compartir, solo con quiénes deseen estar en la misma onda…
Y, NO… dejar atrás… momentos qué merecen tanto la pena, qué hay qué despertar y volar, tan alto cómo se pueda, y no quedarse en un solo punto, mirar a través de los qué tuvo ahí, en instantes… tan gráciles cómo, delicados y tenues… qué hay qué saber apreciar la sal más fina de la vida, no solo… la sal marina, también la qué es cristal de grados diferentes… y tener constancia de todos esos pasos a poder dar, con la gran amplitud que puede estar a la vera del camino… Quién sabe, nunca es fácil llegar a enterarse de lo que está por llegar…

Estamos en mayo, ese mes, qué siempre se ha dicho, es el de las flores… pero, lo qué no nos dijeron en sí… es qué la primavera, nacía un mes antes… en Abril, con las aguas mil, qué llegan y te remojan al máximo y si te enteras, vale… si no, te aguantas y sigues el camino.
Otro de los meses qué no saben dónde tienen el norte ni el sur, y por eso, ni andan ni caminan, van sorteando los días según les viene en gana, sin mirar a quién le tocan la peineta … y sí te dan, y lo aguantes, te sientes agraciado, si no, te das la vuelta y ARREA… te vas o te quedas, has de saberlo al momento, no hay instantes que valgan un no sé, has de seguir dando la vez si te apetece, y sino… lo dejas, y marchas por donde ibas…

Las espumas van haciendo hueco a las burbujas pequeñas y grandes, para dejar claro qué sirven para más qué, seguir dando tumbos sin ton ni son, cómo muchas veces las vemos, desperdigarse… a medida, qué un buen refresco estás tomando… para que la tarde sea más larga y sepa lucirse distinta, sin ser diferente… porqué, así la podremos hacer más nuestra, y la seguridad se redobla, cómo tu puedas querer presentarte ante el mundo natural… que no, el artificial.

Daremos la vuelta al día, qué aún son las diecisiete y quince, nada menos… ni a las dieciocho henos arribado, ya se sabe, si delineas letras y signos de puntuación, solo te queda, darles un buen rizo, sin utilizar el secador de mano… porqué, estropearías el sentido que llevan tus letras al sentirse modeladas por tus táctiles más conscientes, que se dejan mimar por ese pensamiento qué va dejando caer sus gracias, más detalladas, sin ser verosímiles ni atrevidas, solo son, las más regulares del lugar… y además, se sienten en buena compañía, de esta música qué te voy a compartir… y escucharás… con el agrado de un finDe… súper Sensacional y despierto…

© Mia Pemán