09.- DESDE DONDE SE CABE, SE DESGASTA

El invierno no había casi empezado y ya estaban preparando las solapas de abrigos y chubasqueros para calzárselos nada más caer las primeras muestras de plumillas que a pocos grados irían apareciendo como si fueran sus propios destinatarios los que recibirían ese manjar tan apetecible como vistoso sencillo de llevarse en las manos hasta los labios, por instantes menudos a disfrutar viendo su contenido delicado y a la vez cristalino, qué hacía prever llegarían las primeras avanzadillas de resueltas capas del blanco manto invernal, qué al otoño ya aparecieron igual que si fueran del mismo tiempo, pertenecientes al siguiente evento tan puntual como muchas veces tardío en su llegada.
Las ocasiones tan puntuales, nunca se cabían donde su tenaz desgaste partía del donde sin ser desde un lugar exacto y ni tan siquiera se podría saber cuándo saldrían a lo largo del camino, y sin apenas andarse unos metros, ya estaban los rezagados provistos de sus miradas artesanales. intentando ser los primeros en recoger tan agradable y esplendoroso espectáculo, qué cada temporada los primeros eran capaces de sacar unas instantáneas con la belleza natural tan perfecta, qué a veces no sabías a ciencia cierta, si eran realidades o pinturas más bien retocadas para tales efectos.

© Mia Pemán   

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