03.- EL INVIERNO NO ES EL CULPABLE

Ayer me preguntaron, si tenía razones para odiar.- Como no tenerlas, respondí.
Pero, nunca daré rienda suelta a estos bajos instintos. Yo no me lo puedo permitir, porque cada sentimiento de odio, genera una enfermedad. No necesito sentirme enferma, soy feliz dentro de mis limitaciones, pacíficamente feliz.

No sé, si esta respuesta dejó algo descolocado a mi interlocutor. Lo siento por él, si esperaba de mí otro comentario, otro gesto de contrariedad, que le hiciera sospechar lo que, en su mente quizás ya había dado por hecho.

Si me dejo atormentar, por los resentimientos, estaré poniendo freno a mi propia evolución como persona, como ser humano.
Cada pensamiento negativo es un dolor que sale desde cualquiera de nuestros órganos, son estos los catalizadores de las malas energías, de los malos humores. No estoy dispuesta a malgastar mi vida, por causas irrecuperables.

Hoy he retomado la escritura de este texto, y mis razonamientos me han parecido más que sinceros. ¿Pienso igual? Sí, en cuanto a la pregunta que da origen a este desahogo al que le pongo letras. Opino igual, aunque hoy es un nuevo día y podría haber cambiado de opinión. No, no he cambiado ni en el fondo, ni en las formas. Solo un sentimiento de pesimismos me aborda de vez en cuando y al que no sé como clasificar.
A veces me pregunto si es el caso que, esta melancolía viniera propiciada por la soledad, por el silencio que aportan las nuevas sociedades, dentro de su individualismo.
También podría tratarse de una tristeza estacionaria, el invierno se asoma por las esquinas inundando las tardes de temprana oscuridad. El frío no es buen compañero, y las almas cálidas como en este caso es la mía, se deprimen por la falta de luz.
Los fantasmas oportunistas de un reciente pasado, aprovechan la debilidad del carácter de mi espíritu desgastado por las vivencias.
Soy pacto y presa fácil de acaparar,- lo reconozco.
El insomnio se aferra con las garras de un felino que no quiere soltar a su presa.
Se hace presente, carga en su mochila la película de mi vida de la que no quiero me haga un pase especial. La conozco perfectamente, si soy yo misma la protagonista y autora de mis hechos. No necesito recurrir a los fantasmas del insomnio para recordar mis fracasos, mis aciertos y mis bondades, de todo hubo en este valle terrenal.
Cada día, cada mañana, realizo el mismo ritual. Saludo al sol y doy gracias a mis seres protectores, porque sé que están ahí y no me dejaran caer. Después con el ánimo ya colocado dentro de mi mente, me dedico a alimentar mi espíritu de todo lo positivo que la vida me va ofreciendo con su cotidianidad. Ser feliz se ha convertido en una de mis prioridades. Solo por esta razón ya vale la pena el olvido, aún arriesgo de provocarme una amnesia transitoria y selectiva. Nunca se podrá decir de una persona que es desgraciada, si es la misma persona la que dota al subconsciente de elementos positivos. Le nutre de armonía, paz y amor.
Así, si en algún momento de la vida, alguien pregunta ¿Tienes razones para odiar? La respuesta, seguro que será afirmativa, pero con la diferencia de que nunca ese odio se llevará a la práctica. Las personas que se nutren de amor, desarrollan afecto, salud mental, y bienestar físico.
El que odia es la persona enferma, aunque muchas de las veces, culpan al invierno por traer el frío y la oscuridad a sus hogares, cuando son ellos quienes lo almacenan en sus corazones.

© Paquita  Caparrós

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