Margaritas

Sabes, ¡Amor! Esta mañana de pronto han cortado todas las margaritas que, recuerda, presagiando la cercana primavera, habían crecido con garra entre el césped y adornaban nuestro parque más querido.

Recordarás cómo este año habían nacido en gran número y muy tempranas y ufanas ellas, proporcionando cada día brillo y color al parque. Pero ahora, ¡amor!, ya no están allí, nuestras margaritas tan queridas, han desaparecido; la máquina cortacésped del jardinero de turno, se las ha llevado de calle una a una al cortar el césped y dejarlo a una altura a ras de suelo.

Ese césped donde tú y yo nos sentábamos cada tarde, junto a otras muchas parejas más de la ciudad, hasta que la noche hacía su presencia. Pero para entonces, ¡recuerda!, ya había depositado yo en tus manos con una sonrisa y una serie de besos, un pequeño ramillete de margaritas que, algunos días, reconoce, iban a juego con el estampado y el color de tu blusa; y sonreíamos, porque nos parecía curiosa la coincidencia.

Ahora, sin margaritas, ya sobre la hierba de nuestro parque; cuando llegue la tarde y volvamos a sentarnos sobre ella, qué triste nos parecerá todo, ¡amor!. Porque hasta que vuelvan a crecer nuevas margaritas, pues la primavera las requiere siempre, la tarde perderá parte de su color; y es que ya no habrá un ramillete de margaritas sobre tus manos; ni comparar podremos con el color de tu vestido.

Quizás entonces busque con más ahínco el arrebol de tu cara, tratando de ver si hace juego cada día con el color del estampado de tu blusa.

© J. Javier Terán