Y fue así: una flor en el camino,
silvestre de vida corta como beso robado
o el suspiro de una mariposa
cuando roza la hierba en primavera.

Y fue así: intensamente fugaz
como la luna llena
cuando el amanecer se acerca;
como una burbuja de agua
que se disuelve entre miríadas de burbujas.

Y fue así: poderoso como la desmemoria,
y los recuerdos que tratan de borrarla,
para que un te quiero sea permanente
y no tenga noches ni días.
Y fue así: un instante tan largo
como el gemido de un orgasmo
interrumpido por el miedo.

Y fue así.
Yo no quise que ocurriera y tampoco
que se borrara como vino; así como la sombra
de un escarabajo en el desierto,
como exhalar la fatiga de la sed no satisfecha
frente al agua salada a pleno sol de las dos de la tarde,
justo en la línea imaginaria del Ecuador
entre fangales y cocodrilos y serpientes;
justo en el instante en que la línea
delgada entre vida y muerte se desgasta
y un salto convulsivo nos aferra
al milagro de respirar.

Y fue así.
No lo inventé cuando la cuerda
despreció mi cuello al comprobar
que no tenía alma de suicida
y que desear el fin era solo un capricho
de hablador contumaz.

Fue así –de breve- como te conocí
y así de fugaz ocurrió la despedida
cuando no te encontré al lado mío,
al despertar de un sueño que jamás existió.

Fue así, sin razonar, que me quisiste
y fue así, como tu nombre se transformó en olvido.
¡Y fue así! nunca de otra manera.

© Oscar Perdomo Marín
Derechos reservados
Caracas, 4-11-2014