Ayer el silencio regresó
para hablar conmigo,
nos miramos de silencio a poeta,
de poeta a silencio,
y una melancolía grande
se cayó de la memoria de la isla.
Estábamos allí,en el borde del mar,
como un árbol sin sangre y sin piel,
visibles a los peces
y a los ciclones de la tristeza.
Estábamos allí,
sobre el fino puente de la vida
mirando el techo del mundo
y sus puñales.
Entramos por la angustia
de una ola vieja
que le quemó el rostro a la noche
con primaveras de humo.
Había un lenguaje raro en la ola,
una música verde
casi partida en su espalda,
y un naufragio, y otro,y otro naufragio.
Estábamos allí
frente al mar,
al salvaje mar;
escribiendo en la página del aire
el poema vagabundo.
Estábamos allí,el silencio y yo,
hasta que te posaste
en el insomnio de las aguas,
y con tu desnudez de luna
le hiciste el amor
a nuestros ojos cavernas,
donde ya no cabe otro nombre
al crucigrama de los olvidos.

© Jesús Álvarez Pedraza