Usted no lo sabe;
pero aquella noche
el viento llegó sin manchas.
Lo entré por la puerta de los miedos
y se echó a dormir
sobre un olvido de la habitación.
Nadie fue a levantarlo
nadie supo de donde venía.
Y lo amé tanto,
que se enredaron las palabras
como serpientes locas.
Me saqué el corazón,
lo tendí en el madero del patio
junto al cordero de la fiesta.
Yo se que usted no lo sabe ;
pero el árbol vive
de sus frutos muertos
y cada muerto
tiene su propio fantasma.
Ahora te pido
que vayamos dormir.
Quiero quedarme solo
con los secretos del cuarto.
Voy a pensar que el viento
volverá sin manchas,
y que estaremos esperándolo

© Jesús Álvarez Pedraza