Corazon_1

Mi farmacéutica de la farmacia de la esquina se quitó de pronto la mascarilla, se deshizo de aquella maldita barrera de tela que ocultaba su rostro por unos segundos mientras la ajustaba, y su rostro adquirió de pronto una belleza jamás imaginada.
Nuestras miradas se cruzaban una y otra vez mientras esperaba mi turno, con tanta insistencia que, en mi concentración en sus ojos, hasta me olvidé del nombre de la medicina que debía adquirir.
Al llegar junto a ella llegado mi turno, y con la mirada fija en sus atractivos y luminosos ojos, sólo acerté a pedirle dos cajas de aspirinas en un tono entrecortado y como mal menor.
Mientras me las envolvía aprecié que en el interior del papel escribía algo (el precio de las medicinas, pensé).
Al llegar a casa y abrir el envoltorio, vi que lo que estaba escrito allí era un número de teléfono.
No lo dudé ni un solo instante y marqué a continuación aquel número en mi teléfono.
Del otro lado, me respondió una voz cálida y aterciopelada que, en efecto, se correspondía con la de la farmacéutica que hacía tan solo unos minutos me había despachado, todo amabilidad y sin dejar de mirarme a los ojos, aquellas dos cajas de aspirinas que tanto parecían estar significando.

© J. Javier Terán.