Vacaciones

Las vacaciones de verano, era una de nuestras máximas en el Colegio, una vez que el curso escolar estaba ya avanzado y se veía mucho más próximo su final, aunque nos quedasen todavía los días puede que más duros, por aquello de que nos esperaban los exámenes finales y había que dedicar mucho más tiempo a los estudios, requiriendo, además, un mayor grado de concentración; aparte de que, con esa meta de las vacaciones de verano ya en el horizonte, los días transcurrían demasiado lentos para lo que nos hubiese gustado a todos nosotros en aquellos momentos.


Aún así, seguro que en nuestro fuero interno aceptábamos estos pudiéramos llamar contratiempos, y luchábamos con las armas que teníamos más a mano, que eran pocas en realidad, para que la fecha que se nos había marcado como de vacaciones, llegase cuanto antes. Y en esa situación, no perdonábamos ni una hora más, ni un minuto más de lo necesario en el recinto colegial; queríamos que la puerta de salida se nos abriese por última vez para un largo período de tiempo: dos meses y medio casi de ausencia de aquel lugar, de no tener que estar constreñidos por los muros del Colegio, de relajar un tanto la disciplina y la conducta del día a día.


Pero sobre todo, un largo período de tiempo para estar en nuestras respectivas casas, con nuestras respectivas familias y amigos en nuestros respectivos lugares de origen de cada cual; y disponiendo del tiempo a nuestro gusto, al menos de una buena parte de él, y sin restricciones ni exigencias más allá de las habituales.


Y es que, de otro lado, de sobra sabíamos que los días de verano no serían días de ociosidad y holganza total en nuestras casas; pues a pesar de nuestra todavía corta edad, debíamos ayudar en casa en las faenas del campo en la mayoría de los casos. Y en muchos de esos días, nos tocaría madrugar, incluso más que en el Colegio, para colaborar en los trabajos de acarreo de la mies hasta la era. Pero con todo y con eso, no nos importaba, porque estábamos en casa con nuestra familia, y al finalizar el día nos quedarían todavía algunas horas para quedar con nuestros amigos y charlar distendidamente sobre una u otra cosa, e incluso para jugar un partido de fútbol o correr por las calles del pueblo en improvisados juegos.


Por todo ello y por mucho más que seguro ahora se me escapa, en aquel entonces esperábamos las vacaciones de verano como agua de mayo. Y, aunque en ocasiones recuerdo que, llegado el mes de mayo, hicimos rogativas durante varios días en el Colegio para impetrar el agua que aquel año había escaseado; sin embargo, no era posible realizar ninguna manifestación al uso para tratar de que los días que faltaban hasta las vacaciones de verano llegasen mucho más pronto; sino que éste era un deseo que pasaba a ser sólo patrimonio interior de cada uno de nosotros; eso sí bien pegado a nuestro corazón, aunque en ocasiones se lo hiciésemos saber a alguno de nuestros amigos, seguro que como desahogo personal.

© J. Javier Terán.