Zánganos al Abordaje

 

Quienes embrutecen los oídos con ruidos absurdos para luego ir sembrando insensateces a costa de personas que ni saben nada, poniéndoles verdes por la espalda para más tarde, tener de que hablar sin inmutarse y luego a carcajadas reírse como si fuesen payasos.
Cuando saltan las alarmas es porque las búsquedas les revuelven los intestinos, al haber metido la pata hasta el mismísimo hondón de sus descalabrados enjambres llenos de irregularidades que al final no les servían para nada bueno, tan solo para cizañar a conciencia.
Durante tiempos y años por doquier, se fueron desatando trifulcas desordenadas para enzarzar lo que no estaba escrito en ningún lugar. Consiguiendo liar pardas broncas con el único fin de desestabilizar núcleos de gente que les iba de maravilla para intentar hacerse con lo qué no les pertenecía.
A quiénes consejos de excelente calidad les daban, más tarde ponían en sus bocas lo que jamás les dijeron, queriendo dejarles cómo profesionales de malignidades, sin haber tenido ni tan siquiera una intención desaprensiva, les colgaron un San Invierno que no les pertenecía para nada.
Con hechos miserables quisieron hacerse de todo un material, midiendo palmo a palmo, con un metro en las manos, para comprobar lo que tenían pensado arrebatar y quedarse a buen recaudo…
Las maldades salieron a flote con la rapidez de un huracán, y al final tuvieron que quedarse con lo que les dieron y no con lo soñado. Eso les pasó factura y años más tarde, recibieron una media prima, que por no creerse la verdad, hicieron nuevos planes y arrebataron de cuajo, lo que nunca pensaron en un golpe de mucha suerte.
Son los despropósitos más imprevisibles que muchas personas quisieran no encontrarse alguna vez en su vida.
Al abordaje sin pensarlo dos veces, saltan sin demasiados detalles, nunca los dan, siempre los evitan y jamás dan explicaciones de nada.
Cuando todo se les tuerce, es echar las culpas a quien menos se lo merece y luego, arrear un soberano sopapazo a dúo, clavando su gran puñal, para matar sin ningún desgarro aparente.
El gran coscorrón, fue de campeonato, y les llegó nada más estrenarse la primavera. Eso les cayó cómo agua a jarros, porqué tenían pensado celebrarlo a lo grande, con un viaje de ensueño, y se les quedó la cara de espanto, sin entender por qué les hacían tal faena.
Es la época donde los almendros y los ciruelos o los manzanos enseñan sus magníficas galas con las flores dejando ver sus delicias más delicadas, las qué florecen y hacen migas con los rayos del sol, dando su mejor y extraordinario apogeo. Es la primavera qué llega y maravillas expone en todo su entorno el más especial para tantísimas gentes qué saben disfrutar de su entorno.
Y fiereza era de tal magnitud, que les dejaron con la conciencia descapotada y se les congeló el semblante.

© Mía Pemán