…Una Flor Como Un Cofre…

… Así como la abejita se siente atraída por el aroma delicado y de colores brillantes de una flor espléndida, así el deseo es atraído por la gracia de la intensa profundidad del alma, para llegar a ella pruebe los caminos más dulces de la primavera.
Con el más delicado de los contactos, de labios suaves, ligeros y delicados como alas de mariposa, ambos iniciamos tocando dos espléndidos lagos, donde se puede reflejar, el primero, en dos deliciosas gotas de rocío, el segundo, en dos ojos intensos y maravillosos. Luego baja, uno, por una pendiente de seda, la otra, sobre un rostro aterciopelado y delicado. Al llegar a la fuente del delicioso perfume, la fuente del dulce sonido y, solo suavemente, tocarlos, en ese contacto, sentirlos levemente abrirse, el deseo de quedarse aumenta pero la voluntad de continuar y tocar otras orillas es mayor.
La abejita al continuar ese dulce viaje llega al cofre fascinante de la dulzura, llena de su maravillosa esencia, sacia su sed, sumergiéndose.
Los delicados e impalpables labios, lenta e inexorablemente, descienden de nuevo, tocando suaves colinas jadeantes, siguiendo todos los espléndidos contornos, percibiendo todas las sensaciones que, sugiriéndola permanecer, pero, continúan, continúan, llevando consigo, siempre vivas esas sensaciones. , llegando, a un jardín encantado, creyendo encontrar, ellos también, un delicioso ataúd pero, en su lugar encuentran una delicada y maravillosa florecilla, a ese ligero toque, abre dos embriagadores y dulces pétalos, salpicados de delicadas gotitas, de la que toman posesión, de la manera más deseada por ambos; sumergirse en ese pequeño lago fascinante de dulce néctar, percibir cada sensación, cada vibración, cada contracción de la dulce sensación de bienestar…

© María Isabel Corrado