Atardeceres naranjas

Rojos, amarillos, naranjas, ocres…, casi un arcoíris extendido en el cielo, eran los colores que predominaban en aquellos atardeceres llegada la primavera cuando desde aquel pequeño altozano divisábamos aquel espectáculo allá al fondo junto a las primeras casas del antañón caserío del pueblo.
Preciosos atardeceres son, en efecto, los que se divisan desde el pequeño altozano que da cobijo al grupo de bodegas que bajo el mismo se asientan, comentábamos los vecinos en la tertulia nocturna del teleclub.
Y, hubo un día en el que alguien de los que sí vivían durante todo el año en el lugar, matizaba:
-Sí, son unas puestas de sol dignas de visionar y hasta de fotografiar. Pero ¿quién se acerca por aquí para observarlas?. Y no penséis que sólo se producen los días que venís la mayoría de vosotros a pasar unos días al pueblo, eh!!; porque, llegada la primavera este fenómeno adquiere una vistosidad especial.
-¿Y por qué no, amigos –dijo otro-, aprovechamos estas nuevas tecnologías de ahora para poner en valor estas maravillosas puestas de sol de nuestro pueblo llegada la primavera, dándolas a conocer al mundo entero a través de internet?. Y así, serán muchos los que se acerquen a vivirlas en directo.
-La materia prima la tenemos –continuó-; sería cuestión de buscar a alguien entendido en materia de promoción turística que diseñase un novedoso proyecto para visionar “in situ” este acontecimiento de la naturaleza.
-Y quién sabe si, corriendo el tiempo, el fenómeno se extienda de tal manera que incluso se llegue a hablar de portento de la naturaleza en nuestro pueblo coincidiendo con la llegada de la primavera. Y hasta se podría convertir, en un visto y no visto, en un centro de reunión de astrónomos entendidos en la materia para hacer sus observaciones…
A la mañana siguiente, el tema se había extendido con profusión por todo el pueblo. Así que fueron muchos los que pensaron que aquella idea no cabía echarla a la papelera a las primeras de cambio; sino hacerla propia del municipio e iniciar las gestiones a través de la primera autoridad local.
Y el proyecto fraguó… Por lo que al año siguiente, llegada la primavera, desde el consistorio se organizaría una primera fiesta de bienvenida, consistente en una particular marcha amenizada por una charanga de música hasta el altozano de las bodegas, para desde allí contemplar la puesta de sol de aquel nuevo atardecer. Siendo muchos los foráneos y ajenos a la localidad que se acercarían hasta el lugar.
Porque la idea de aquel joven tertuliano, convertida en realidad, saltó a los medios de comunicación, rotulando los periódicos en sus ediciones del día siguiente titulares de este cariz: “Una pequeña localidad de nuestra provincia recibe a la primavera inaugurando un gran observatorio solar”. Y otro: “Se inaugura un observatorio solar especializado en el estudio de las puestas de sol, que llevará el nombre de un joven tertuliano oriundo del lugar”.
Y fue entonces, cuando el sueño comenzó a desvanecerse dentro de mí…

© J. Javier Terán