20 – El Sentido Pierdo

Cuando las palabras salen volando y saben
llegar, con el tiempo justo me pierdo al total.

Se pierde el control, al no encontrar la razón
que sepa guiar tus pasos hacia delante, para
seguir un mejor camino y llegar
hasta donde estás… situado, porque no te
distingo apenas y se escapa por momentos…
ese corazón, que tardío supo encontrarme.

Esos destellos del más allá, aún no han sabido
encontrar un pasillo para saber que estás ahí,
no tan siquiera el rocío de los días tiene esa
seguridad, de ver el rostro del amor henchido,
que desea ver parpadear los ojos del atardecer.

Te acerqué la mirada para ver mejor el sendero,
más los ojos y el entender no supieron
ni acercarse un rato, para dar de sí al sonido
y ser más avispados en seguir la senda nueva.

El sentido pierdo al darme cuenta, que las horas
van pasando y perdiendo los sensores del existir,
sin ser conscientes de que la travesía se lanza
hacia un gran destino tan alejado y se hace
demasiado tardío ese voltaje del encuentro,
qué los minutos juegan al despiste
los segundos no saben que para adelantarse,
necesitan de más ayudas
y así conseguir estar mucho más cerca…

Los colores ya no se sonrojan ni brillan
tan solo, intentan mirarse sin encontrarse…
y es una verdadera lástima ser invisibles,
al no escuchar la llamada del amor…
evocando un te quiero y un abrazo te doy
tan grande, como el universo que vive
entre dos corazones, distantes se desplazan,
por ese gran mundo del amor, te necesito…
se puso en medio dando, ese enorme vacío
dejando de ser lo qué estaba siendo, normal…
la vida es un trozo tan delicado, que se rompe.

Buscando el umbral del ser exacto, vive sin ser
esa realidad que va deshaciendo cada día
entre los dedos de sus manos y brazos,
saliendo por un mundo lleno de rompeolas qué
se estrellan contra suelos de asfalto dejando
momentos en el pensar y mediando para salir…
ayudas del exterior, ahí siempre están presentes.

Corazones que de oro y plata se visten, saben
estar y ser cada día uno para el otro con tanto
sentir y cariño, que los días amargos a veces
llegan y al cabo de unas horas desaparecen,
ensanchando ese “te necesito con… un amor”
que al lado justo está en instantes del seguir…
pensando y necesitándose… cada día más.

Un día quien sabe, si de nuevo volver a divisar
esas orillas, que al estar junto al mar…
se estremecen las cascarejas y caracolas,
viendo dos cielos juntar sus manos y brazos,
al unísono y sin dejar de mirarse en el tiempo
los días vuelvan a ser tan especiales…
que el asombro campe a sus anchas felices.

© Mia Pemán

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