Son eternas las noches de estío
trepadoras las plantas veletas,
entrecruzan sus hojas garfios
alejándote el sueño, inquietan.

La cabeza que rueda, no logra
alcanzar en el lecho esa meta,
el reposo muestra su zozobra,
la almohada resulta molesta.

El sopor del insomne se agrava
la quietud de las casas, alerta
y el calor pegajoso te aplana.

Son eternas las noches, adversas
das cien vueltas en la cama…
y caes al ser de día, deshecha.

© Carmen Barrios Rull