Extendí mi mano, buscando apoyo
todos pasaban y no miraban
me puse a cantar, repartiendo alegría
canciones del mar, y me escucho un pez chiquito
me pidió ayuda, solo en la arena, jadeaba por no morir…
Lo tome en mis manos y lo acurruqué.
Me encontré una rosa y no la corté,
acaricié su tallo y no me pinché,
me quedé con ella y llegó la noche
ante tanta belleza… quedé extasiada
y su perfume, fue el maná que me alimentó.

© Matilde Folgoso