Las estrellas echan de menos a la luna, porque ella da luz a los vientos,
se preguntan: ¿qué haremos sin la sanadora?
pero la luna ahogándose, entregó su alma a los perros encadenados,
ella se fue caminando de rodillas hacia Hades,
la luna es una fingidora, hasta cuando miente es sincera,
su escritura es para nadie, solo se borra,
ella escupe sus palabras de brazo en brazo,
la luna ama para poder olvidar,
ella sabe, que solo sobrevive lo que no se ve!
se quedó repulsivamente desnuda, se heló entre la basura de sus ojos,
tiene oscuras huellas del infierno, su espesura es inhibida y cobriza…
está muy cerca del sol, ¡se desangra, pues envejeció de un momento a otro!
al caminar, se estrangula, atándose, se mezcla con el sol y muere súbitamente,
hoy no hay estrellas, la luna se consumió en su propio frío,
a veces se lamenta, añorando al sol… pero él no le dijo: ¡te amo!

© Claudia Elisa Saquicela Novillo

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