Niña que perdió a su amor,
asomadita está a la ventana.
Le ve marchar calle abajo,
no se vuelve ni a mirarla.

Tristes ojos de miel
llenos están de lágrimas.
Pronto se fue la niña a dormir,
no sabe cómo olvidar
al que con tanto delirio amaba.

No brillan hoy las estrellas,
no sale la luna clara,
no hay aroma en los jazmines,
no mueve la brisa las ramas.

Niña de ojos melosos,
anoche tú los cerrabas
y tus abanicos de pestañas negras
en lagunas de sal
entornados se ahogaban.

La niña hoy duerme mucho,
ya sonaron las campanas,
ve a ver si algo le pasa…
la media mañana llegó
y la niña no se levanta.

Hoy las persianas bajaron,
la casa está desolada.
Lloran todos su muerte,
qué pálida tiene la cara,
ese pelo tan bonito
adorna la almohada blanca.

Nada sabía nadie,
ni su familia tan seria,
rica y bien situada.
Pero la niña no se fue sola,
llevaba a su bebé escondido
dentro de las entrañas.

Pequeño, no llegaste a nacer,
no pudieron ver tu cara,
no meció nadie tu cuna,
te llevó tu madre al alba.
Seguro que donde estéis,
suave te cantará una nana.

© Yvonne Torregrosa