El lamento de la noche
envuelve de miedo los
cuerpos nuestros.

Cuerpos desnudos de placeres,
invitando a una hoguera de besos
donde los sueños serán
saciados de ellos.

Enlazados en un silencio
que jadea como una
cuerda de violín.
Un rociar de labios que se
confunden en un acople
alucinante de placer.

Silencio que invade todo nuestro ser,
dejando alucinar entre paredes
todo lo que se vive
y resguardando las horas para
saciarnos una vez más…

Con sed rocío la boca
y bebo de ti hasta saciar
mi sed de amor.
Me hundo en un mar de pasión
y de ondas acaricio tu vientre
en un sobresalto de manos.

Manos que impetuosas acarician mi vientre,
en busca de placeres que no se dejan morir
por deleitar las estaciones
que muchos no saben entender.
Manos que envuelven mi piel frágil
colmada de leyendas y sueños
de tu fiel amada.

Preso a una niebla que
oscurece mi mente y
mi mañana.
Yacen las horas indecentes
en un lecho que muere en espera
que venga aún el día.

Seremos dos almas en donde la oscuridad se desvanecerá
dando vida a este jardín de flores
donde las horas indecentes no mueren
en espera de la llegada de un nuevo
Amanecer.

© Verónica Hernández Bertín & Greg D.

Poema escrito por Verónica Hernández Bertín & Greg D.
Narrado por María G. Vincent y Antonio Caro Escobar
Producción y montajes: Antonio Caro Escobar