Me acostumbré a tantas cosas
innecesarias, la gran mayoría…
qué, mostrarlas todas seria un caos.

Me acostumbré …
a no decir nada,
a comer todo lo qué decían,
a no pensar con la vista,
a no sentir con la mirada,
a no saber ver más allá,
a no mirar más de cerca,
a no decir por no chocar,
a no chocar por decir de más…
a todo eso y mucho más,
me acostumbre tan mal… qué
el dolor te comía y no te dejaba…

Me acostumbré …
a ser un rebote constitucional,
a ser una propiedad y nada más,
a ser algo no visto ni sentido,
a ser una posibilidad nada más,
a ser ese mueble sin una vida,
a ser «una mira e idea» preconcebida,
a ser y estar ahí siempre inerte,
a ser invisible más de la cuenta,

NO me acostumbré …
un día sin más nada … a ser…
golpeada por nada y sin reñir
seguir siendo pateada
en esa oscuridad incesante, ser
arañada por solo vivir sin sentir
las bofetadas por no saber…
a NO ser tenida en cuenta
a NO saber qué existía
a NO saber borrar la vida misma

Me acostumbré …
a ser envidiada por ser sencilla,
a que los celos desmedidos
se quisieran adueñar de mi interior,
a qué la hipocresía dañase de más,
a qué la desigualdad tuviera permiso
sin más nada, para dar golpes bajos…
a qué los desmanes tuvieran más fuerza…

A todo eso y más, mi mirar se…
acostumbró… porqué no había
nada más, ni era defendible…

Pero, la vida le supo dar opciones
también, a quitarle sensaciones
qué nunca supieron comprender
esas razones obvias y reales,
le pusieron el sobrenombre de…
hacerse cómplice del victimismo,
algo con lo cuál nunca comulgó
ni a su lado existió tal posibilidad.

Sigue entre sus pensamientos
vivir un alrededor más positivo,
dejar todo lo negativo de lado
seguir y convivir otros pasos
más saludables,
y no formar parte de algunas
insensateces qué resten
caminar en libertad…
minando pensamientos y rutas.

De seres cobardes, la tierra está
plagada… tanto,
qué sino los hubieran…
la vida sería demasiado sencilla,
por lo tanto,
hay qué tener cobardía y vivir
muchos más días de lo normal,
para dar fe de qué un día existió
algún que otro camino irreversible,
si esa posibilidad pudo estar ahí…

Solitarios los destinos qué se unen
siendo impredecibles las losetas,
sin importar resultados se agravan
las insignias qué se desactivan,
cuando las líneas retroceden
y marcan distancias rompiendo
por lo sano, lo qué nunca debió ser.

La vida sin cobardes, no es vida.

Pero, la cobardía no es una vida
qué se pueda considerar vivible,
porqué en sí es considerarse víctima
cuando se está poniendo la vida
sobre tamices irreales y se vive,
otra existencia bien diferente.

Palencia, sábado 02 noviembre 2019.
Poema n.145/2M19.
© Mía Pemán