Cuando Roberto bajo al sótano no esperaba encontrar aquel tesoro, había montones de cachivaches y objetos que ya no se usaban, ni siquiera sabia para que servían, llevaban viviendo allí apenas un par de semanas, sus padres se habían mudado por motivos de trabajo del padre, había sido trasladado a la sucursal de banco que había en aquel pueblo de apenas cinco mil habitantes. Su padre alquilo aquella casa que llevaba unos cuantos años cerrada, era grande, de tres plantas y el sótano, tenia un jardín alrededor de la casa y un garaje en un lado de la casa y una caseta para las herramientas del jardín.
La casa aunque vieja, se veía en buen estado, con una mano de pintura y unos pocos arreglos quedo fantástica.
Roberto era un chico de doce años el mayor de los dos hermanos, Luis el pequeño tenía ocho años, aunque no era tan curioso como Roberto, siempre estaba husmeando por todos los lados de la casa, cuando no estaba en la buhardilla, estaba en el garaje o por los alrededores del jardín, siempre con su cámara de vídeo acuestas esa que le habían regalado para su cumpleaños unos meses atrás y que cuando abrió la caja dijo ¡Buf! ¿Para que quiero yo esto? No se como se usa.
Pero hizo caso a su papa y a los pocos días busco en internet como se usaba. Descubrió con aquel regalo que al igual que las cámaras de fotografía, las de vídeo, te habrían un mundo nuevo de oportunidades hacía la comunicación audio visual, O sea hacía el mundo de la navegación interactiva, virtual.
Internet y el mundo virtual se había convertido en un referente de la vida de hoy en día, nada se puede, si no lo dice Google y sus conocimientos, ya las enciclopedias, las búsquedas en bibliotecas o periódicos se han quedado obsoletos ante las páginas Web y el poder de la navegación virtual, los niños nacen con una pantalla en la mano como si fuera un apéndice más de su cuerpo.
Así que Robert con ese ansía de absorber y aprender todo lo que ven, que tienen los niños, sobre todo si les interesa en poco tiempo manejaba la cámara como un experto, creando efecto mirror o espejo, imágenes a cámara lenta y todo lo que se le pasaba por la cabeza, grababa a sus padres a escondidas, mientras hacían las actividades cotidianas por casa y luego se las ponía para que se vieran los gestos y las caras que ponían sin que ellos se percataran de ello, eso hacían que se rieran con ganas.
Pero lo que más le gustaba era explorarlo todo y grabarlo, una mañana bajo al sótano a pesar de las advertencias de su madre de que no lo hiciera solo, bajo los escalones que daban acceso al mismo, estaba oscuro y tuvo que encender la luz del foco de la cámara para poder ver algo, aquello era maravilloso, había montones de cajas viejas, muebles y una gran cantidad de cachivaches viejos, un espejo de cuerpo entero se encontraba al final de la habitación que abarcaba todo el bajo de la casa, avanzo despacio mirándolo todo, abrió algunas cajas que estaban llenas de libros amarillentos, se miro en el espejo que estaba junto a una de las paredes del sótano, se acerco a cogerla pero el mueble era más grande que el y no llegaba así que acerco una silla que había allí arrinconada y se subió para alcanzar la caja, la silla parecía que no iba a aguantar su peso, pero sí, lo hizo, bajo con la caja en las manos.
Para poder cogerla tuvo que dejar la cámara encima de una mesa y poder usar las dos manos, se sentó en la silla e intento abrir aquella misteriosa caja, pero no encontraba la forma de hacerlo, no se veía ningún cierre o abertura que indicara que podía abrirse, parecía que era hermética, cuando ya pensaba que tenía que llevársela a su papa para que él intentara abrirla, sus dedos rozaron un lado de la caja y sonó un pequeño click y salto la tapa, la abrió con curiosidad, había en su interior un papel viejo y amarillo, Era un pergamino con muchos años de antigüedad, había escrito en el unos símbolos que el niño no entendía, pero eso no importo para que una sombra oscura saliera del espejo, paso por delante del foco de la cámara y oscureció por un segundo aquel cuarto, el niño se estremeció, no sabía que había sido aquello pero un frío le recorrió todo el cuerpo, dejo caer la caja y salió del sótano.
Como iba a decirles a sus padres nada, si tenía prohibido bajar allí solo. Por la noche algo ocurrió en casa, el perro Tom desapareció, por la mañana lo estuvieron buscando y no pudieron encontrar ni rastro del animal, fueron a la perrera por si lo hubieran cogido los empleados, pero nada de nada, se esfumo sin dejar rastro. A la mañana siguiente al levantarse la familia se encontró con que todos los muebles habían sido cambiados de sitio.
La madre se asusto, y le pidió a su esposo que hiciera algo. Que lo que estaba ocurriendo no era nada normal; estaba diciéndole eso a su marido cuando se abrió la puerta del mueble y empezaron a volar los platos hacía ellos, como si alguien se los estuviera tirando todos a la vez, pero allí no había nadie. En ese momento entro Tom con su cámara y grabo aquel episodio insólito. Aquello duro solo unos segundos, lo suficiente para que a la madre le diera una crisis de ansiedad, el padre los saco a todos de casa, presa del miedo y del nerviosismo.
Tom miraba la pantalla de la cámara y le dijo a su padre, hay alguien en casa papa, el padre se le quedo mirando y cogió la cámara para ver a lo que se refería su hijo. Se quedó petrificado, como era posible que ese ser estuviera en su casa, ¿De donde había salido? ¿Pero si no lo podían ver, como era posible que lo hubiera grabado su hijo en vídeo? Todo era preguntas para las cuales no tenía respuesta.
Tan solo había una realidad, que algo malo, muy malo había salido de la caja que Tom había abierto en el sótano y había llegado para quedarse y acabar lo que había empezado esa mañana.

© Antonio Caro Escobar