Dieciséis espejos sucumben y
son reflejos del siguiente mundo,
ese qué vendrá entre sombras
sin divisar exteriores y dejará
verse a medias por poco espacio.

Lapsus tienen las líneas esquivas
sentándose aquí y allá, sin más
dejan de ser racionales para
convertirse en distantes ajenos.

Dieciséis soles de medio lado,
se esfuman a trompicones
y se exceden a miles de kilómetros,
por si fuera poco se alejan trozos
qué se distan tanto, que se tropiezan.

Lunes de regreso se visitan
desde el allá hasta el aquí, y no
saben qué, los remilgos vacíos
son deshollinadores despistados,
qué buscan sus mentes pérdidas
en el allá del más acá reciente.

Siguen voces qué escucharon
y al no volverse a encontrar,
sus sonidos chocan entre sí mismos.

Dibujando recodos del otro lado
recrean instintos de un allá, qué
tempranas las hilaturas tienen
conceptuando diretes del hoy…

Verdades a medias guardadas
bajo paños de oro viejo, dicen
ser ambigüedades de altos vuelos
queriendo quizás averiguarse más
de lo debido y sin normalidad,
siendo inversas sus vidas.

Trazos qué se resisten y cierran
posiciones en desgaste contra,
los valores recién salidos de un baúl
mientras los dominios desean ser
imperios con órdenes a seguir,
más no todo se podrá atar,
con sellos de caucho y serrín.

Un mar en calma, aguas lleva
balanceándose en serias rachas
qué tallan al despegue traslados
y vaivenes de alcance, en zozobra.

Palencia, a lunes 16 septiembre 2019.
Vuela Pluma n.34/2M19.
© Mía Pemán