Cuando se conocen mejor
todas las caras del amor
tranquilidad, volver a escuchar
el eco de tu voz…

Un día como hoy
en las cavernas del corazón
nos reconocimos, con Dios
en este paisaje.
Y en nuestro viaje
sembraste coronas de laurel
en el fondo de mi piel.

Como caracolas, tus recuerdos
dando paso a tantas horas,
que no queríamos contar
solo, nos dejamos llevar
con el viento, por la mar.

Amar no es más que estar
amando, sin sentir el oleaje.
No fue una noche de bodas
típico tópico ni de las de ayer,
ni de las de ahora.

En nuestra travesía se consolidó
lo que luego nuestras vidas serian.
Sentir de nuevo con furia las olas
que inundan mi semblante al recordarte
Mediterráneo mar querido, más cercano
que aquí se une al Océano
más amigo, antes que ahora.
Tú océano y tus fuertes corrientes.

Vuelve la melodía de este cantar,
la música siempre presente
en el lento caminar.
Jadeante soledad, en este cuerpo
que llamaste monumento de Atlanta,
por todas esas historias tuyas
de una isla perdida
ciudad perdida bajo el mar.
Se aceleró el invierno de sus ojos
desapareciste Poseidón
sin despedirte
y el sabor de tu sed
quedó enroscado en su garganta.

Paseando ahora por esta tierra
esta arena, guardadora de secretos,
y de nuevo las olas mojan mis dedos
Ya recibo el agua, -Agua sólo-
de aquello que fue vida, luz,
ternura sentida.

Mirando hoy el cielo,
del mismo lugar
donde ya nada es igual
donde el amor se hizo familiar
y se trasformó en calor y en color,
en sabor a mar… donde en esos días
el mundo giraba sobre nuestros cuerpos
un siglo terminaba y otro nuevo comenzaba
en su centro dos bocas, una a otra se bebían.
en la embarcación
loca y corta, pero intensa
de nuestras vidas bombea mi corazón
Por un instante de mi vida, solo fui
una figura de sal
una sombra sumergida
una Atlántida de Platón.

© Araceli García Martín
20/08/19
Derechos reservados del autor.