Ventana

Me gustaba regarte siempre al atardecer

las flores de tu recóndito jardín;

y me apetecía aún mucho más

cuando aparecías tú junto a mí.

 

Porque yo sé que me espiabas

tras los cristales de tu ventana;

y que, cuando pensabas que no te veía,

permanecías más tiempo sin esconder tu mirada.

 

Yo, que era solo tu jardinero,

el que regaba tus rosas y tus petunias;

pronto advertí que tus miradas

encerraban algo más que el amor a las rosas.

 

Y por eso, por escrutar tu mirada de misterio,

me entretenía cada día en tu jardín,

esperando aparecieses tú al fin

con tu mirada fija en mí.

 

Aunque primero era tras la ventana,

luego asomándote a ella

y requiriéndome una de las rosas,

que con tanto primor yo te regaba.

 

Uno de los días, al abrir tu ventana,

te encontraste con un enorme ramo de rosas

y una dedicatoria de apenas unas palabras

que te mostraban todo mi amor en pocas líneas.

 

© J. Javier Terán.