Volando voy entre nubes
por los recónditos mares;
gaviota soy y me siento
herida de soledades.

Presentimiento o locura
estar y sentirte tanto,
que hasta derramo mi llanto
cual dolor en sepultura.

Niño, amor, no llores, mira
cómo el poema renace,
sabiendo que te complace
mi boca, cuando suspira.

Hagamos un pozo hondo
en el jardín de la tierra,
y enterremos los rencores
que nos causan tantas guerras.

Y si queda algún acento
de algún verso despistado;
haré una cruz en el viento
para que venga a buscarnos.

Dolor, dolor triste y cuerdo
que es llanto de madrugada;
amar y no ser amada
es poesía del viento…
ya empapan todas las rosas
el llanto del desacuerdo.

Mariposas y gaviotas
del dolor y la paciencia,
¡Ay! Cuántas alas hay rotas
en playas de indiferencia.

¿Y para qué el sentimiento
de no ser correspondida,
si se me acaba la vida
en el soplo del aliento?

Si tan sólo tengo el alma
que te entrego en la mirada,
has de saber que el dolor
es un rito de las hadas….

No saber, que esa es la herida
que nos lleva al cementerio,
si tú un día lo supieras…
ven a contarme el misterio.

©Julie Sopetrán