No volveremos a caminar bajo la luz de la luna
y aunque el corazón siga latiendo
y la madreselva nos regala su perfume
nuestros pasos no marcarán más caminos.

Pero háblame como entonces,
cuando las huellas en nuestra piel eran suaves
y las almas, vagaban inquietas por paisajes de sombra
buscando un amparo para la inocencia.

Háblame cuando la luna se filtre silenciosa
entre parajes de ensueño y las palabras dichas
sólo sean un recuerdo
que se pierde entre el ayer y el mañana.

Háblame cuando nos volvamos a encontrar
y las esquinas de nuestra vida nos rocen con dulzura
porque entonces,
sólo entonces, nos bañaremos juntos en el azul del cielo.

María G. Vicent ©