Finales de abril y parece que el gélido invierno llegó, ausencia de primavera, el cambio climático está haciendo estragos, después de un invierno cálido, llegó la humedad y mis huesos se resienten y mi ánimo se desvanece.

Hoy busqué unos troncos en mi desván y prendí la chimenea, me senté en la mecedora a leer por cuarta vez “Los renglones torcidos de Dios” gran novela, la cual hice mí musa, pero es imposible concentrarse, mis ojos solo ven renglones torcidos y nunca mejor dicho.

Aquí junto al fuego que hoy encendí te espero, como cada hora, día mes y año, en la mesa sigue ese  ramo de rosas marchitas,  las dejaste aquel día gris y lluvioso como hoy en el cual te fuiste y me dejaste tan sola y triste, con un beso frío me dijiste pronto volveré,necesito un tiempo mí amor.

Que tonta he ilusa fui, te creí y y por siempre te sigo esperando aquí y por ello como cada mañana hoy abro mi ventana, alzo la mirada al cielo y les pido a las nubes que dejen de llorar y que por fin salga el sol que me anime, respiro con todo mi aliento y sentimiento ese olor a tierra mojada que tanto me recuerda a ti y a tu piel con amor, así siento al viento que va refrescando mi alma y corazón después como todos los días bajo la mira y giro la cabeza, hacia la esquina junto a la avenida para ver si te veo aparecer, la vida sin amor no es nada, es estar vacía, por eso como cada mañana espero en la ventana, verte llegar.

Carmiña Carmela