A Luís:
Abril me regaló un hijo, un niño hermoso, y por fin entendí a ésos que dicen que el verdadero amor se conoce al cargar a un hijo en brazos por primera vez. Lo contemplé tanto, lo admiré tanto, lo escuchaba llorar, lo veía abrir sus ojitos a un nuevo día, esos ojitos brillantes e intensos. Agosto se lo presentó a la muerte y ella, como yo, también se enamoró de él.
Fátima no para de llorar, ni me mira, pero si lo hiciera no nos veríamos. Ella llora y yo te escribo, quizás porque estás lejos y también necesito estarlo yo, quizás porque necesito llenar con algo, con cualquier cosa, el tiempo que antes usaba teniendo a mi niño entre mis manos. Entre un cigarrillo o una pluma, prefiero la pluma que me permite contarte esto y compartir para que mi dolor sea también tu dolor.

© Lilith