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Pues parece que ahora sí. Que ahora nos llegó ya la fuerza del invierno con toda su contundencia: sus fríos extremos y prolongados, sus fuertes heladas nocturnas, sus frías nieblas persistentes durante horas en el ambiente; haciendo todo ello que los termómetros se desplomen bastantes grados bajo cero y apenas logren recuperarse unos pocos grados sobre el cero durante el día. Y que, visto lo visto, llegó para quedarse por una temporada.

Y es que, si bien se mira, ya lo dice el refrán: “Por los Reyes, los días y el frío crecen”. Y si lo primero se va apreciando poco a poco, día a día; lo segundo se nos está colando a carta cabal, de pleno. Así que para tratar de mitigar esto último, pues “bufanda, abrigo y sombrero”, como también nos recuerda el refranero.

Con lo que, si se pisa la calle –y más de buena mañana-, el presentarse bien abrigados es una norma de obligado cumplimiento, so pena de perecer en el intento o atrapar un resfriado de los que hacen época.

Claro que puede ser también que, por falta de costumbre y porque ha habido inviernos realmente suaves, en seguida que el termómetro desciende unos cuantos grados durante unos días ya ponemos el grito en el cielo y hablamos de “frío invierno”. Porque según los más viejos del lugar consultados al efecto, para frío frío el de épocas pasadas, cuando todo a su alrededor se helaba durante buena parte de días del crudo invierno de entonces: las fuentes, el río, los arroyos, los lagos, las pequeñas lagunas de los parques y hasta el aliento mismo nada más tomar contacto con el exterior. Aquellos sí que eran inviernos crudos y fríos de verdad, matizan nuestros mayores…

Pero regresando al momento presente; de permanecer así entre nosotros estos días fríos en extremo de enero, aparte de ir todos nosotros súper bien abrigados, lo mismo estaremos obligados a hacer, por ejemplo, con nuestras mascotas cuando las saquemos a pasear cada mañana. Y, en particular, en la festividad de San Antón –su patrono este 17 de enero-, cuando las llevemos al atrio de la iglesia de turno para recibir la bendición del párroco, e impetrar salud para ellas durante el resto del año.

Y a partir de ahí, el tiempo dirá lo que quiere hacer con nosotros…

© J. Javier Terán.