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De pronto, amanece para ti unos de esos días en los que te levantas con el mejor de los humores posibles, la moral apuntando muy alto y, en tu cabeza, moviendo planes claramente efectivos para la buena marcha de la jornada; pero tienes un momento de debilidad porque quizás tu ángel de la guarda hizo una pausa en tu atención personal y, mientras desayunas, piensas que qué mejor momento que aquél para ponerte al día de la actualidad y salir informado a la calle. Craso error.

Y sin más preámbulos, conectas la televisión unos instantes, buscas el informativo matutino en no importa qué canal y, entre sorbo y sorbo de café, vas notando cómo tu buen humor se va agriando por momentos y hasta sientes que el café –aun con su carga de azúcar-, se ha vuelto un tanto amargo a medida que vas acercando la taza a tu boca.

Pero optas por continuar, pensando en que quizás después de aquella colección de noticias de aspecto negativo y un tanto deprimentes, llegue alguna otra cargada de una cierta positividad; pero resultan en balde tus expectativas… Además, por la excesiva espera la tostada se te quemó esta mañana y optas por colocar una nueva en la tostadora, eso sí, esta vez haciendo guardia frente a él; mientras el locutor va desgranando a la audiencia noticas, cual a cual de peor perfil.

Y tú, ojiplático frente al televisor, con un ojo en el mismo y el otro en la tostadora para, tras escuchar el clic característico retirar de inmediato la tostada. Esta vez sí la consigues en su punto y piensas que, al menos, algo positivo ha tenido la mañana por el momento.

Ese pequeño éxito te hace tal vez ver las cosas un poco diferentes y notas cómo el café ha vuelto a adquirir su sabor y dulzor característicos.

Y con esas pequeñas dosis de optimismo sales a la calle para enfrentarte a la nueva mañana. Y cuando apenas llevas unos pocos minutos en el exterior comienza a llover con una cierta fuerza. Entonces, mientras regresas a casa en busca del paraguas, recuerdas que justo apagaste el televisor cuando la información sobre el tiempo iba a comenzar a hacerse presente; lo que te privó de las oportunas reseñas al respecto. Y notas cómo vuelve a apoderarse de ti un cierto malhumor…

© J. Javier Terán.