Ha vuelto descalza
la que rema en mis ojos,
la que dispara a la angustia
que envejece en mi sangre,
y choca con la tos de la humareda,
la que sube en las aves nocturnas
que han regresado
a lavar los ruidos
en las aguas del sueño.
Ha vuelto descalza
entre árboles de ceniza,
la que va masticando
raciones de siglos,
y se durmió entre mis pies
remendando camisas y nubes.
Ha vuelto descalza
con la oscuridad
que hace maromas
en el tiempo de cuaresma,
en la noche que va por la pared
hasta donde la lluvia se arrodilla
y pregunta por su nombre.

© Jesús Álvarez Pedraza