El vientre de mi madre,
antigua cuna de luz.
Oigo el tránsito de la sangre.
Su hambre, sus lágrimas y silencios.
He nacido en un cuerpo blando
de agua y matriz caliente.
Vuelvo al minuto de gestarme.
Me arraigo a ella, estoy.
Me suelto y la vida me sopla.
Caigo, me rompo por dentro.
Desato el amor y la furia
como semilla de árboles blancos.
Observo los mares, los campos
y encuentro el surco perfecto.
Me prendo a la tierra.
Siento ser, no desespero.
Lavo mi rostro y cierro la casa.
Me marcho adonde no sé.
No dudo que sea posible,
no creo que sea incorrecto.
Mi alma se encoge, siento morir.
Observo a mis lados
soledad y ventura.
Me ciño al camino, voy.

© La Gabi Castillo 5/6/2018