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Ese comentario que me guardo quizás porque no capte lo que el escritor o mi poeta querían que sintiera y no sentí, mejor es mi pensamiento volver a leerlo más tarde para comprender lo leído, para después comentar fiel a lo sentido, no engañar al artista.
Al mirar una pintura al oleo o quizás sea a espátula me produce una sensación de ternura, es como si estuviera dentro de ese paisaje con la naturaleza invitándome a tumbarme, comentaría es bello me hace sentirme viva, el artista se hincha, pensando le ha gustado, satisfacción personal.
Comentar esa poesía dedicada a soñar con la libertad, con ese amor primerizo que pudo ser y no lo fue, ese relato con la vivencia de un día no muy lejano que nos hizo daño, o quizás tan solo plasmar nuestros pensamientos en movimiento, alguna lagrima derramaba sin querer porque nos ha llegado al alma, se estremeció mi interior, ponerme en tu cuerpo y sentir tus sentires, comentar con delicadeza que lo escrito se merece.
Hace muy bien esos comentarios al autor, es la manera más sencilla que tenemos los lectores de dar las gracias a las musas de esas personas, que nos hacen soñar aunque estemos despiertos.
Pero amigos de lo que no es suyo, hay comentarios que sobran , que afean a un artista, son aquellos que comentan sin ver la obra de arte sin leer un poema, una poesía o tan solo una manualidad, esos señores míos son los que hacen daño tanto al autor como a sus comentaristas, porque comentan sin saber sentir en su interior y copian sentimientos de otros, a esos comentarios les diría, si no lo captas déjalo pasar, no hagan una feria de algo tan hermoso como es sentí tu corazón latir por una obra de arte, si no sabes disfrutar de lo que te rodea cómprate una vaca y vete al campo pero deja a los demás disfrutar de la belleza que plasman nuestros artistas, así de claro lo expreso y pido disculpas si alguno se dio por aludido, quizás lo hice sin intención pero a sabiendas que tú, intruso de mi obra de arte lo leerás, gracias por dejarme ser clara y traslucida.

De una aprendiz de sueños a ti, que no sabes vivir sin envidia.

©Manoli Martin Ruiz