Te he encontrado por casualidad por San Valentín,
has pasado delante a mis ojos de mañana temprano,
las palabras te salían apenas, las sonrisas apenas brotadas:
¿De verdad solo yo siento el perfume de los días pasados?

Nos hemos así encontrado sentados a platicar,
cosa de dos minutos pero tu continuas a hablar,
cierto muchos años es difícil liquidarlos en poco segundos,
para mi es imposible mirando tus ojos profundos.

La vida nos ha de verdad marcado con sus fealdades:
tu miras mi rostro marcado, yo tus carreras en las medias,
antes éramos jóvenes, y delante un entero futuro,
ahora tenemos solo desgracias y un pasado oscuro.

Quisiera me agarrases la mano como has hecho otras veces,
me dijeras que aún me amas, que tentaremos la suerte,
que el tiempo transcurrido no significa nada,
que cada discurso no vale ante el presente.

Vamos, dime, mirándome a los ojos, que aún recuerdas,
aquellos sentimientos bajo la arena no se han nunca muerto,
dime que cogeremos esta nuestra ocasión,
que ahora iremos para siempre lejos de esta prisión.

Pero no hablas, no ríes, ahora solamente me miras:
un poco solo sonríes, comprendo ahora es tarde,
quien sabe quien te espera para cenar, por San Valentín,
quizás con una sorpresa, con un lindo regalito.

El amor no dura para siempre, típico del sentimiento,
a veces no ni queda nada, ni tan siquiera un sedimento;
es solo nostalgia, es el pasado que viene mitificado,
es una persona largo la vía con cual revives el pasado.

Y me miras con aire estúpido mientras nos saludamos:
te ha afectado aquel mío patético decirte: “Te amo”
sonríes sacudiendo la cabeza, mientras te ajustas un pendiente,
con la mano me mandas un beso: es tu “Feliz San Valentín”.