El que me mecía en tus pestañas
por los mares de tu alma

aquel que no sentía nada
Sólo era su yo, su arrogancia
Atropellando todo amor por poder

El blanco reluciente de la plata
sus ojos eran estrellas luminosas
no desprendía amor

¿De qué me sirvió? ¡Desengaño mío!,
permanecí dormida en silencio
buscando el tercio de un labio

Y permanecer dormida en sus brazos
con esa lágrima
Que es letra de amor…

Y mi corazón exhala con el placer recordando
que navegaba llena de amor.
En sus pestañas.