Él se cruzó en su camino,
ella marchitaba en un rosal,
¿Sería cosa del destino
que lo tuviese que amar?

Él era un hombre sencillo
ella una mujer desdeñada,
no sabía que sería la rosa,
que dura espina le clavara.

¡Él quiso darle todo!
¡Ella no supo nada dar!
Una historia en el lodo
mucho antes de comenzar.

Nunca se entendieron,
Cupido equivocó el azar,
flechas que ir no debieron
a un corazón harto de sollozar.

Destápate los ojos Cupido,
no lances flechas sin mirar,
equivocas siempre el destino,
de quien desea vivir sin amar.

© Isabel San José Mellado