El mismo silencio, es la vida de alrededor, la que fija sus movimientos y designa su tensión, que a la vez, es el voltímetro de la existencia misma.

Las horas se van venciendo, en un vacío…
sólo el deambular es el visor
qué mira los silencios de reojo.

Estrellas que vuelan alrededor
cantan la canción del éxtasis, esa
que es la desproporción total del sentir.

Ruedas que se añaden entre las nubes
son los anillos de esos vuelos diurnos.

Fijan su rumbo al entrelazarse,
divisando los caminos
qué, se ríen sin tener ni pajolera idea
de que las adversidades,
se divierten
al apego de los días,
sabiéndose libres.

Un ruido sale del escondite
a divisar, cuando los silencios
se dan cuenta, qué la vida…
se vive más despacio.

Sentido y orientación, devoción
asimilación de un todo adverso
desmienten los centros que desdicen,
y se admiran al completo del entero
sobrando las lealtades del origen…

Si observas con cautela las latitudes
ves llegar con calma,
esos decimales que se acoplan
con el descanso del eterno silencio.

Sentir lo opuesto es ver más allá
mientras se desatan las alarmas,
la vista corre más deprisa
que la misma orientación atrevida.

Y la vida se juega su papel importante.

Respira más despacio si cabe, sabe
ser diferente sin ser distinta.

Vive las salvaguardias tan deprisa qué
atasca su nombre, con la deriva del sentido.

!¡!Abre las puertas, que llega el vacío del silencio!¡!

Tira de la manta, deja salir los contrastes
están siendo reducidos a la nada
y necesitan respirar aire fresco, nuevo.

Vive el ser tuyo,
no te olvides de ser real
que las esperanzas de la búsqueda
se apelmazan, y siguen su rumbo fijo.

Es el vacío que llega, corriendo
los velos del descuido temprano,
relincha y vibra
al sentir el espacio eterno
ese que obliga y desata los instantes.

Pocas veces rechista y si lo hace
broma, con el respaldo del viento frío
qué desanuda, entre sigilos
los latidos de las fuentes
queriendo visitar esos interiores,
dándose a conocer a medias
desatando los velocímetros,
al derribar con gran acierto
aquéllos centímetros inexactos
descubiertos entre timbres veloces,
que se van desacolchando
ligeros y bravos
al enterarse
qué son producto del silencio.

Nuestro sentir exacto
necesita estar en la Paz y al encuentro,
de ese sosiego
donde pueda ver y sentir
otras reales sensaciones,
dentro de esa comprensión
qué le llene al completo,
sintiendo estar entre las laderas
y bajar corriendo,
sin caerte de nuevo al abismo.

Escuchas hablar y chacharear
sin saber entender, que la vida
se va fundiendo a tus pies y no
dejan que veas el sentido práctico,
ni sepas sentir tus propias ideas
porqué, los golpes dados al decidir
están manejados por hilos inertes,
y las sensibilidades se deshacen
mostrando su lado más amargo.

Es la desfachatez del ocaso y la estupidez
ese empeño en ser los dueños, de la nada
sin pertenecer al interior del mismo ser
dan la casualidad de estar al frente
sabiendo deshacer los sueños,
no permitiendo hacer y desbaratar
unas vidas, que al silencio pertenecen
por entero y por derechos, sin ser
propiedad de personajes ruines
queriendo minar toda proporción,
al tomar decisiones con exactitud real.

Los tiempos corren y al final
se comprenden
los porqués de tantas maldades,
que desatan los ruidos del vacío
desenmascarando el gran silencio.

Ay, el silencio del ruido y del vacío
es el inconsciente que se muerde la cola,
siendo el perfecto amigo invisible
por qué no rechista ni se enfada,
con lo cual… es a la vez
el impermiable inconfundible
para salvarte de las lluvias interminables,
esas que te apachurran sin quererte bien.

El tiempo es el vacío que se desentona,
no sirviendo para mucho en presencia
de las incomprensiones irracionales,
cuando alguien te ve y te observa
mucho más baja que su entorno a seguir,
y la desesperación se encamina
por rumbos absurdos, despacio
muy despacio… se alejó.

Es entonces, cuándo los silencios son
más sabios que la vida misma,
y saben dar contestaciones exactas
e iguales a las de la semana anterior,
dejando con el pasmo puesto
a quien osó, dejar el mutis inanimado
y el encontronazo al descubierto,
al cabo de treinta y uno
más los meses que se encargaron,
de saber curar con ahínco
la osadía perfecta y desenfrenada
del bofetón recibido sin tener la menor idea.

Esa soledad, de un desboque desabotonado
quiso causar un desenfreno, y lo qué consiguió
fue, el olvido al completo, eso sí que ni lo imaginó.

Ya nunca más volvió a ver su cara ni su desvergüenza,
el silencio duró toda una eternidad
era el vació descomunal, a la inversa
cuando no era el único qué quiso herir sus sentimientos,
ni por el más remoto ensamblaje pudo ser una realidad
la causa de un mal qué, envilece los sentidos del opresor.

Marcharon por opuestos caminos y no volvieron
ni a encontrar sus caminos, jamás
cruzaronse después del olvido insensato,
que dos largos extraños hicieron acopio de su mal genio
incontrolando, las exactas banalidades que les acuciaban.

Desprovistos de alma, la insensatez
les devolvió la caradura,
al propinarles un revés del interés inmediato
era lo que deseaban encontrarse,
y lo tuvieron a la mano sin más nada…
pero, su falta de tacto, les llevó a darse de bruces
contra el mundo inusual de los radios ensordecedores,
al estamparse contra el bullicioso ruido del vacío silencioso.

La triste soledad avecina los desencuentros universales esos que se desmoronan más de la cuenta, y son los culpables del incontrolado destino de un sinfín de sentires incontrolados.

Es tan efímera la existencia, qué no hace falta seguir rastros eternos, si nunca se fijaron en tú existir, y tan solo se adhieren para sacar su propia venganza de la diaria vida, esa que va más allá del recuerdo o del querer vivir una vida plena o necesaria.

Si tan solo se acercan para siempre estar pidiendo y nunca, a cambio saber dar un poco de ese preciado cariño, distánciate de ese calor frío y vacío que pulula a tu lado, porqué, al final de los días, serán la ruina completa de ese espacio que lleva dolor y desequilibrios con el consiguiente sentir del despropósito indebido.

Deja que el silencio haga su oferta más esencial para poder seguir los pasos de su sentido común y estarás al borde de las sencillas razones más esenciales de la existencia tranquila y verdadera, al fin y al cabo, el espacio del silencio suele marcar un proceso de cambios o quizás, tan solo, es un término medio entre el tú y el yo, ese qué se desborda en ocasiones, pero, que sí sabe ser esencial y primordial, en su apartado natural y principal.

Es el desdecir de la soledad, que se va acercando por momentos y sigue su caminar entre las sendas del mentir diario, y si te adhieres a su piel insensible, caerás en el abismo del ser y no estar, con el desacuerdo del transcurrir entre sensaciones inhóspitas y desleales, esas las cuales solo van acercarse para detallar sus pertenencias absolutas y seguirán la búsqueda inexacta de lo que realmente no les pertenezca nunca, aunque deseen ser los dueños absolutos de todo tú alrededor y sean dispares en sus comportamientos, siempre irán tras sus anhelos, no los tuyas…

Cuando la soledad no es buscada, los Silencios son una eternidad, porque sabes que no ocupas ningún corazón ni mente.

Te embarga la tristeza total y la soledad se alía con los extremos más opuestos del infinito abismal, ese que te lleva al ámbito más inverosímil y abre las puertas de tu posible final… la vida, del a diario existencial.

Palencia, lunes 08 enero 2018.
Poema y Prosa Poética n.02/2M18
©Mía Pemán